Yoga de código abierto

Jueves 23/09/2010, por Iñaki Berazaluce

El primer grabado que se conserva de lo que parece ser una postura (asana) de yoga data del siglo XVII antes de Cristo. En los 3.500 años transcurridos desde entonces cientos de millones de personas han practicado series como el saludo al sol y posturas como la cobra, la pinza o el loto. Las asanas no eran de nadie o, mejor dicho, pertenecían a toda la comunidad de yoguis y yoguinis, como el idioma pertenece a todos sus hablantes. Esto ha sido así hasta que el yoga se ha convertido en un fabuloso negocio que mueve 6.000 millones de dólares sólo en EEUU.

Y cuando hay dinero ya se sabe: asoma la codicia, tocan a rebato los oportunistas y el yoga -“la cesación de los torbellinos de la mente”, Patanjali- acaba observándose a través del verde cristal del dinero.

Tabla de yoga

Muchos gurús indios que pregonaban la austeridad y la humildad en sus ashrams han acabado amasando fortunas (y lo que es peor, egos hipertrofiados) en Occidente, empezando por el guru de Los Beatles, Maharishi Mahesh, cuya fortuna personal a su muerte (ocurrida en 2008) oscilaba entre los 5 y 10.000 millones de dólares, una cifra muy superior a la de todos los Beatles juntos; el egomaníaco Osho, gran aficionado a los Rolls Royce, y más conocido hoy en día por sus frases de calendario de autoayuda que por su fastuoso ashram o Bikram Choundry, inventor del bikram yoga y candidato idóneo al papel de supervillano en una hipotética saga del yoga.

Bikram llegó a EEUU de la mano de otro malvado, Richard Nixon, que pidió que le enviaran al “mejor profesor de yoga de la India” para curarse una lesión de rodilla. El avispado y ambicioso Bikram vio en aquel país -desquiciado y con sobrepeso- una oportunidad tan dorada como el manipura chakra: creó un “yoga caliente”, en el que el que el alumno/cliente es uno con el todo pero también puede perder “esos kilitos de más”. El bikram se practica en una habitación húmeda a 40º (lo que viene siendo una sauna) y utiliza las asanas clásicas del yoga, una secuencia que la compañía ha registrado bajo copyright “para proteger su negocio”. En España existen dos centros franquiciados de Bikram Yoga, en Madrid y Barcelona, y está a punto de abrirse un tercero en la capital.

Bikram Choundry de pie sobre la espalda de una alumna

Bikram Choundry subyugando el ego de una alumna

Es ley de vida que donde entran abogados acaban llegando los pleitos, así que fue cuestión de tiempo que diversos centros de yoga de California que utilizaban, bien el nombre (“bikram”), bien la temperatura extrema, bien la secuencia de posturas, empezaran a recibir en 2004 cartas de los picapleitos de Bikram, exigiéndoles el cese de sus clases por infringir el copyright de la empresa, como relata el muy ilustrativo documental “Yoga Inc.”.

Las academias afectadas decidieron unirse contra el gigante y apelar al espíritu del software libre: el yoga de código abierto trata de ser a Linux lo que Bikram es a Microsoft. Con una salvedad: el software fue propietario en su origen y sólo empezó a liberarse cuando Internet hizo innecesaria la empresa-colmena como fuente de código/código-fuente. Por el contrario, el yoga ha sido libre durante milenios hasta que algunos avispados han tratado de someterlo a las normas legales y de negocio del capitalismo. Ojo, no es porque los indios sean más dadivosos que los occidentales -la codicia está impresa a fuego en el código genético del hombre-. Sucede tan sólo que en Estados Unidos se da la superestructura legal y empresarial para que este sometimiento suceda. No olvidemos: yoga = yugo.

El yoga de código abierto sostiene que el yoga sea de dominio público (fetén) pero no caigamos en el maniqueísmo que sus impulsores quieren suscitar: igual que Bikram, luchan por defender su negocio. Más interesante resulta, por tanto, otra iniciativa: el Manifiesto del Yoga, un movimiento de corte levantisco iniciado en Nueva York que busca recuperar la pureza ancestral del yoga. ¿Cómo? Dándole un corte de mangas a Nike y a todos los que encuentran en la milenaria disciplina una business oportunity. He aquí algunos de los puntos del manifiesto:

  • No habrá ropa correcta.
  • No habrá un pago propiamente dicho [se aceptan donaciones].
  • No habrá respuestas correctas.
  • No habrá profesores glorificados.
  • El yoga es para todo el mundo: nada de “no eres suficientemente bueno si no eres suficientemente boyante”.

¡Sat Nam!

Este artículo se publicó originalmente en Cookingideas el 24 de junio de 2010.

Un comentario a “Yoga de código abierto”

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  1. Josefina dice:

    Vaya con el Bikram ese… y conociéndolo la gente sigue yendo a su clase?


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