Una guía optimista de lo que somos capaces de hacer

Jueves 7/04/2011, por Patricia Simón

“No somos hormigas”, un proyecto optimista sobre lo que hemos sido capaces de hacer como especie y los proyectos que están cambiando las formas de hacer las cosas y mejorar nuestro entorno.

“A todos los pesimistas y desinformados por hacernos ver que este libro era tan necesario. ¡Gracias! Fernando, Javi, Pablo y Doris”. Con esta dedicatoria comienza No somos hormigas, una recopilación nada convencional de los avances de la humanidad, de las situaciones de injusticia que deben resolverse, y de experiencias y modelos de acción y cambio social que han demostrado que se pueden hacer las cosas mucho mejor y además conseguir una mejora en nuestro entorno. En estos tiempos, determinados por la crisis, aparece un libro para recapitular y encontrar en los datos y en la capacidad de innovación razones para el optimismo.

Podemos prevenir y curar enfermedades más que nunca

El proyecto No somos hormigas comienza en el libro impreso, que durante la primera semana en las librerías se alzó como uno de los más vendidos, y el libro digital que está en licencia Creative Commons. Pero donde el proyecto tiene su verdadero motor y razón de ser es en la web y en las redes sociales. Diariamente, al listado de proyectos de transformación social, entre los que se encuentra periodismohumano, se van añadiendo nuevas iniciativas que cumplen al menos dos de estos tres requisitos:

  • El proyecto aumenta las posibilidades vitales de las personas.
  • Hace un uso eficiente de los recursos materiales e intelectuales disponibles
  • Hace un uso más sostenible de los recursos naturales

“Una ONG clásica aquí no entra porque no cambia las formas de hacer las cosas. No las criticamos, creemos que es muy importante que Médicos Sin Fronteras. Pero queríamos proyectos que cambian la forma de hacer las cosas para que la gente pudiera ayudarse entre sí misma”, nos cuenta Doris Obermair, una de las impulsoras de esta iniciativa, además de consultora en Ideas for Change, entre las otras dedicaciones que conforman su currículum multidisciplinar y de emprendimiento, dos características fundamentales de los proyectos recomendados por No somos hormigas. Conversamos con ella por Skype.

Entrevista a Doris Obermair

Pregunta: ¿Cómo nace la idea de No somos hormigas?

Respuesta: El libro empieza como una idea de Javi (Javier Creus, uno de los autores), que llevaba años pensando que tan mal no estamos: estamos más alfabetizados que nunca, hay menos muertes por desnutrición, más mujeres en el poder, más conciencia en temas medioambientales… Y como no quiere darle la lata a los amigos empieza a hacer listas de cosas que van bien. Un día se lo comenta a Fernando (Fernando Casado), que está muy metido en temas de desarrollo. Empiezan a hablar y pensar “deberíamos buscar estadísticas para tener datos objetivos de que como especie somos más que nunca, por ejemplo…” Por eso hemos elegido la metáfora de las hormigas, porque en este caso siempre pensamos en muchas, no como cada país con sus problemitas, sino como especie en sí, que somos un éxito. Y esto lo hemos comprobado eligiendo las estadísticas más interesantes, que no están basadas en índices económicos.

P.: “Podemos prevenir y curar enfermedades más que nunca”, “estamos más nutridos que nunca”, “tenemos más acceso al agua que nunca” son algunos de los baremos positivos que destacais. Pero también es curioso que valoréis como positivo que seamos más que nunca, cuando muchos científicos consideran la sobrepoblación del planeta como un grave problema medioambiental.

R.: Somos humanistas, no podemos partir de la hipótesis de que alguien sobra. Eso sería muy cruel. Lo que sobra es la manera de hacer las cosas de manera destructiva.

Pero nuestras instituciones internacionales siguen siendo exclusivistas

P.: En la introducción, leemos: “Estamos inmersos en una nueva revolución tecnológica que nos permite organizarnos como ciudadanos del mundo, que nos dota de la capacidad de proponer fines más ambiciosos y conseguirlos sin poner tanta presión sobre otros seres humanos o el planeta”. A estas alturas nadie duda del papel fundamental que han jugado las redes sociales en las revueltas en Egipto y en Túnez, y en las que vinieron después. Pero vosotros, ¿cómo valoráis el papel de la tecnología en estos hechos históricos?

R.: Lo fuerte de este libro es que sale en un momento clave. Su historia es de tres, cuatro años, cuando todavía no hablábamos de crisis. Viene de la inquietud del ‘no vamos tan mal’ y de la certeza de que hay tantas cosas que ya se pueden hacer de otra manera… La tercera parte del libro, dedicada a las experiencias positivas, es la que yo he desarrollado. Internet es una fuerza muy importante a la vez que una herramienta que ha facilitado todas estas revoluciones. Por supuesto, las hacen los ciudadanos, pero sin Internet no sería posible lo que hizo por ejemplo Wael Ghonim, iniciador de las protestas en Egipto. Lo que hace Internet es descentralizar el poder y ahí está la fuerza innovadora de la gente que sabe aplicar esas herramientas en su propio bien. La forma industrial de hacer las cosas está basada en la centralización: para que existiera la aspirina era necesaria Bayer. Ahora ya no la necesitamos. Hay que ver cómo pueden llegar más medicamentos a más gente, dejemos que se produzcan genéricos…. Estas herramientas están en manos de muchos.

La revueltas en el mundo árabe y el norte de África es algo que estábamos intuyendo. La gente se está dando cuenta de que Internet tiene una fuerza brutal. Ahora ya no puedes mentir, todo sale, porque cuando alguien corta Twitter, se desarrolla otro programa con el que puedes llamar, como ocurrió en Egipto con el Speak2Tweet. Estamos viviendo una época de transparencia total que a muchas empresas les obliga a repensar sus procesos de producción y cómo se comunican con el mundo. Y eso gracias a Internet, con lo bueno y lo malo, porque es casi una tiranía de la transparencia.

P.: En esta guía conjugáis muchas disciplinas: publicidad, información, grafismo y aliais el papel, el libro, con la web, las redes sociales, las TIC…. Sois un equipo multidisciplinar, que ha escrito un libro optimista que está teniendo gran éxito en las librerias tradicionales, pero también en la Red. Con este trabajo parecéis lanzar un claro mensaje: hay que innovar y sumar todas estas áreas para emprender proyectos exitosos. ¿De los proyectos que recomendais en el libro, que recetas destacarías?

R.: Voy a poner algunos ejemplos. Fix my street (Arregla mi calle). Es una herramienta muy sencilla donde los ciudadanos pueden dar de alta problemas que tienen en sus calles: en el bordillo falta una losa, se fundió la bombilla de una farola… El proyecto tienen el fin de que los ciudadanos retomen la iniciativa de tal forma que la administración pasa a tener mil ojos. Es muy fácil de utilizar: haces una foto con el móvil mismo y la subes a su web. Te permite hacer un seguimiento de si ha sido solucionado o no. Y es de una brual transparencia.

Otro proyecto, el científico de Creative Common está dirigido a facilitar el tema de las patentes y de los derechos de autor en la ciencia. Debería ser mucho más fácil compartir el conocimiento entre los científicos que con el sistema actual, basado en la publicación en papel, están haciendo el mismo trabajo, las mismas investigaciones porque desconocen los resultados que están obteniendo en África o en Asia. Es absurdo en la época de Internet. Imagínate un proceso en el que todos pudiéramos saber qué están haciendo y aprovechar ese conocimiento. El resultado sería la aceleración de muchos problemas médicos en el mundo, por ejemplo de la malaria.

Otro, The good gym: gente que quiere hacer deporte se inscribe y va a hacer la compra para gente mayor que no puede salir de casa. Con este proyecto consigues que la gente tenga una fórmula fácil para hacer algo por el bien común,  no cambias el mundo pero sí cómo se hacen las cosas. Ya no eres tan hormiga. Y algo fundamental en todos los proyectos que seleccionamos: son exportables, lo puedes montar en cualquier sitio del mundo.

P.: Si el equipo de No somos hormigas pudiera emprender ahora un proyecto, ¿cuál haríais?

R.: Pues estamos pensando algo, pero aún no podemos decirlo. Estaría vinculado con la educación.

P.: En todos los ejemplos que ponéis, que se desarrollan principalmente a través de Internet, el gran problema sigue siendo la financiación. ¿Cómo creéis que se va a solucionar este asunto?

R.: Si yo tuviera la respuesta… Creo que se van a establecer los modelos mixtos, con servicios de pago y servicios gratuitos. Y creo que la fórmula que se acabará imponiendo será el micropago, pagar por aquello exactamente que desees. Estamos en una transición muy fuerte, es complicado. La publicidad es una de las fórmulas, pero la suscripción también. Yo prefiero pagar por ciertas cosas, por ejemplo ver The Wire en buena calidad. Y ya hay fórmulas, como filmin, que pagando una cantidad al mes puedes ver cine de forma legal. Siempre va a haber gente que vaya al cine, pero tiene que haber la forma de pagar por los contenidos online. Lo que hay que cambiar son los hábitos. Detrás de una película hay mucha gente que tiene que comer y algo tengo que pagar. Los de Cosmonauta, son otro ejemplo del que vamos a aprender para el futuro.

Me niego a ser hormiga

P.: El libro está funcionando muy bien. ¿Cuáles son los siguientes pasos?

R.: Es un proyecto vivo, lo que más nos gusta es que nos envíen proyectos que, si pasan el criterio, los damos a conocer a través de las redes sociales y de nuestra web en español y en inglés, que también tenemos. Ahora estamos preparando la edición inglesa e italiana del libro.

Esta entrevista se publicó originalmente en Periodismo Humano el 3 de marzo de 2011.


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