Tiempo de lectura

Martes 8/03/2011, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

A menudo ocurre que, en relación con el tiempo que transcurre en nuestra vida cotidiana, no el tiempo de las lluvias y la nieve, del calor y el frío –ese tiempo que ocupa tantas conversaciones para matar el tiempo– yo exprese ante unos amigos o compañeros de charla, de sobremesa, que me falta eso, tiempo. Y todos saltan: “pero cómo, si tienes todo el tiempo libre, si no tienes nada que hacer, si eres libre de no hacer nada… si estás jubilado”. Qué error. Qué enfoque más equivocado. Se lo explico, y no les convenzo. A ver si aquí lo consigo.

No se trata del “tiempo” de los superejecutivos, que no tienen ni un minuto libre. No, es otra cosa. Supongamos que soy lector de novelas, pero de nivel bajo. Estoy con una historia. Leo una reseña que me atrae y compro el libro reseñado. Tengo, pues, un libro en la lista de espera. Pasa un poco de tiempo, acabo mi libro actual y empiezo con el otro. No hay problema de tiempo.

Portada del libro El sendero en el bosque, de Adalbert Stifter

Pero, para mí, las cosas no ocurren así. Me considero un lector de nivel algo más alto. Aclaro, de mayor nivel en mi intención, curiosidad, gusto. Veamos un día cualquiera, sin obligaciones “especiales”. Estoy leyendo un libro (normalmente, dos al tiempo). Dedico una hora, por ejemplo, a su lectura. Además, un rato a tocar el clarinete. Me doy un paseo. Quizá vaya al cine. Mientras, ha salido una biografía que me interesa, y un ensayo sobre la mente y su relación con la inteligencia artificial. Ya tengo dos libros en almacén. Acabo el actual y me pongo con la biografía (que tiene 800 páginas). Leo en el periódico una reseña sobre una novela que recomiendan encarecidamente: un libro más en la lista de espera. Ya son dos. Publican sobre un tema que del que quiero saber más: otro tocho a la pila. Sigo leyendo. Pasa un año, dos. Y el montón de libros que aguardan su turno ha crecido considerablemente.

Yo –como jubilado, dicen– tengo todo el tiempo libre, a mi disposición. Pero no tengo tiempo para leer lo que me interesa y mientras el tiempo pasa, no espera. Al contrario, parece solazarse cuando ve que los libros aspirantes van aumentando. ¿Utilizo yo mi tiempo o él me administra a mí?

Que hay muchas clases de tiempo es una obviedad. Pero las obviedades suelen ser realidades que pasan inadvertidas para mucha gente. Especialmente les ocurre a muchos jubilados.


Un comentario a “Tiempo de lectura”

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  1. Alfonso dice:

    Ja, ja, ja. Tienes razón. A mi me pasa lo mismo, estoy en el paro, y con el teatro, la lectura, y la escritura, tengo menos tiempo que cuando trabajaba. Muchos de mis amigos tampoco me comprenden. Pero que sería de nosotros sin el paso del timpo que espolea nuestro caballo, siempre al galope, en busca de un poco más de conocimiento capaz de saciar nuestra hambre.


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Alejandro M. Masedo
Alejandro M. Masedo
Profesor jubilado

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