Subir la cuesta

Jueves 19/01/2012, por Patricio de Blas (32 artículos)

La estamos subiendo ya: la de enero, la del año y, por lo anunciado (“el inicio del inicio”), la de la década. En realidad, llevamos casi dos años en ello y tenemos asumido que deberemos seguir escalando mientras lo ordene la autoridad competente.

A esta altura de la escalada, el jubilado se detiene a tomar aliento y, al borde del precipicio, se pregunta, como tantos compañeros de cordada, por la (sin)razón del esfuerzo. Subimos, nos dicen, porque de no hacerlo nos depeñaríamos, pero como nadie parece llevar el GPS caminamos sin rumbo y cunde el temor de que de todas formas nos estrellaremos.

Un grupo de jubilados asciende una empinada montaña

Sabios economistas, de casa (www.economistasfrentealacrisis.com) y de fuera (P. Krugman p.e), nos lo explican en la jerga de su disciplina.

Sabemos que son los alemanes quienes ordenan a nuestras autoridades lo que nos tienen que mandar. Hijos, ellos, de la reforma luterana no aceptan la confesión de los pecados, el dolor del corazón y el propósito de enmnienda y, antes de otorgarnos su perdón, nos exigen la satisfación íntegra de la penitencia: redución de la deuda en una cuantía que a todos parece imposible.

A la cruzada alemana se han sumado, entusiasmados, no pocos de los responsables del entuerto que, cínicamente, pretenden trasladarnos la culpa intententando convencernos de lo insostenible del estado del bienestar al que habíamos llegado tras décadas de privaciones, y hacernos pagar la penitencia debida en impuestos, tasas, incremento de horas de trabajo, disminución de salarios y paro.

Así comenzamos al año. El fin de siglo, y de milenio, con la globalización y la era digital, anunciaba -decían- una crisis de civilización y un cambio de referencias, de paradigma, para ponernos solemnes. Lo que no sospechábamos es que serían los poderes financieros, y no políticos -capaces y sensibles a las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos, de las personas quiero decir- los encargados de diseñar los rasgos de esa “nueva” civilización.

Los ciudadanos que subimos la cuesta deberíamos reaccionar como tales. La experiencia de nuestra vida -este es el rincón del jubilado-, y la historia, nos deberían advertir de que el miedo, que nubla el juicio y paraliza la acción, y su corolario el “sálvese quien pueda” son actitudes suicidas en los tiempos que se avecinan.

Como suele recomendar al final de sus columnas un sabio periodista: ATENTOS y, me atrevo a añadir, ALERTA.


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