Sin palabras

Jueves 12/04/2012, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

La música va más allá de las palabras. Relajemos los ánimos con un poco de Jazz.

Antes yo no sabía lo que se dice nada de inglés.

En el Bachillerato de mis tiempos se estudiaba el francés como idioma hegemónico. Así que cuando llegué a los estudios universitarios, mi competencia del “idioma del futuro” seguía a nivel cero. Allí cursé un cuatrimestre de inglés que aprobé sin saber cómo ni por qué pues continué en mi total ignorancia.

En este contexto, y en la época de los años sesenta y setenta, el universo de las canciones era para mí un tanto extraño. Estoy refiriéndome a tiempos en los que surgieron —aquí, en España— grupos como The Beatles, o gente como Elvis Presley o Bob Dylan. Desde estos señores hasta ahora pueden poner todos los nombres que quieran, añadiendo los de corrientes más actuales.

Deben creerme si les digo, como medida de mi poco interés, que nunca escuché una canción completa (trozos supongo que sí, casi sin querer) de estos músicos, cantantes o como les queramos llamar. Y no es que yo permaneciera, por gustos u otras razones, al margen de la música (muy invasiva en aquella época, aunque no tanto como ahora), no. Aparte de la llamada clásica (incluida la zarzuela) y otras (tangos, por ejemplo), alguna excepción hacía, como por ejemplo con Donovan, Tom Paxton, el grupo América.

Por circunstancias de la vida, viví una época en Tarrasa. Allí se vivía una afición al jazz concretada en una buena sala, la Cava del Jazz, donde se disfrutaba de conciertos de pequeños grupos, siempre de buena calidad. No es que no conociera la palabra “jazz”, pero entonces empecé a conocer su significado, sus alcances. Había escuchado a Louis Armstrong, claro, pero no le ubicaba debidamente. Allí lo conocí de pleno, así como a otros muchos, dentro de una historia de esta música tan especial. Por supuesto, yo disfrutaba de aquellas canciones sin entender ni palabra -cuando la había- de lo que expresaba su letra, me bastaba con su música (de los instrumentos y de la voz).

En los ochenta, con la introducción en los centros de enseñanza de la informática, me vi forzado a aprender algo, mínimo, como conocer el significado de palabras tipo “word” o “windows”. Casi como chiste, diré que pasó un tiempo hasta que me enteré de que input no se escribía imput, o de que world significaba mundo.

Wes Mongomery: So Much Guitar!

Y un día me tropecé con un elepé de Wes Montgomery, guitarrista, y en particular con una pieza que escucho, desde entonces, a menudo. Acompañado por piano, batería y contrabajo, da un tono amable y encantador. Se trata de One For My Baby, y puedes pinchar en el enlace para escucharla. Naturalmente yo traduje “Una para mi bebé” y me quedé muy satisfecho, pues el título coincidía con el intimismo tranquilo que transmitía.

Aprendí más cosas sobre el jazz, en su mundo donde las drogas, el alcohol y una vida bastante licenciosa eran lo habitual. Y, no hace mucho, oí la misma canción ahora vocal e instrumental interpretada por Billie Holiday. Supe que su título completo era One for my baby (and one more for the road), y empecé a sospechar que mi traducción no resultaba correcta. En efecto, busqué la letra en su idioma original y su equivalente en español, y me llevé una buena sorpresa: de niños y ambientes hogareños, nada. Las cosas a menudo no son lo que parecen.

Como decía al principio, no sé casi nada de inglés. Me consuelo a veces oyendo esta música aun sin enterarme de lo que dicen.


Un comentario a “Sin palabras”

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  1. María dice:

    Deliciosa canción, gracias por compartir.


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Alejandro M. Masedo
Alejandro M. Masedo
Profesor jubilado

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