Querido diario

Jueves 7/11/2013, por Natalia Martín Cantero (54 artículos)

Rescatamos un clásico –escribir un diario– para ganar en salud mental.

Justo antes de acostarte, escribe brevemente tres cosas positivas que ocurrieron a lo largo del día. Este ejercicio, uno de los favoritos de la psicología positiva, cuesta poco pero aporta mucho: con la cantidad de impresiones sensoriales que recibimos a lo largo de cada jornada, es muy posible que ese acontecimiento agradable que experimentaste por la mañana se te haya olvidado por la tarde.

Un diario hecho con una bonita funda hecha a mano (cerrado)

Esta pequeña tarea puede ser el punto de partida para el muy saludable hábito de escribir un diario. Entre otras cosas, ayuda a objetivar los problemas y actúa como un muro de contención contra esos pensamientos repetitivos que nos persiguen durante el día (y, con frecuencia, y para nuestra desgracia, por la noche). No hace falta que nadie lo lea para que resulte beneficioso; ni siquiera ha de estar bien escrito.

Es, por supuesto, todo un clásico. Que levante la mano quien no haya confesado a su querido diario sus tormentos amorosos en la etapa adolescente.

Un diario hecho con una bonita funda hecha a mano (primera página)

Yendo más allá, el menos pintado siente el impulso de lanzarse a por el cuaderno en momentos difíciles. Tomemos, por ejemplo, la pérdida de trabajo. No por común –al menos aquí y ahora– es menos duro (algunas fuentes lo colocan entre los diez eventos más traumáticos en la vida, junto con el divorcio y el fallecimiento del cónyuge). En un experimento con profesionales recientemente despedidos, James W. Pennebaker, director del departamento de Psicología de la Universidad de Texas en Austin, mostró ya en 1994 cómo aquellos que escribieron sobre la experiencia eran capaces de encontrar más rápido otro empleo. Los estudios de Pennebaker, pionero en la investigación sobre el poder curativo de la escritura, muestran su potencial para mejorar la salud de quienes escriben sobre sucesos traumáticos o muy impactantes en su vida. Y esto es válido entre individuos de diferentes culturas, personalidad o clase social.

¿Qué es lo que tiene la escritura para producir estos beneficios? Van más allá de expresar las emociones fuertes. Investigadores como Pennebaker creen que escribir ayuda a crear una historia más coherente y razonable. Y esto, a su vez, aporta un nuevo significado al problema. Por no hablar del pernicioso efecto del silencio. “¿Cuál es la fuente de nuestro principal sufrimiento? El hecho de que no nos decidimos a hablar. Nació en el momento en el que acumulamos cosas silenciosas dentro de nosotros”, escribió el filósofo francés Gaston Bachelard.

En torno a la escritura, como en casi todo lo demás, hay un mercado floreciente de libros, clases y, más recientemente, aplicaciones de software. Pero si lo que te atrae es el aspecto terapéutico, no hace falta gastarse un euro, excepto para el bolígrafo y el papel o, si se prefiere, el ordenador. Hay, eso sí, mil formas de emprender la tarea. Un ejemplo: para eliminar las excusas para no hacerla, Leo Babauta, fundador de ZenHabits, trata de simplificar en lo posible. Sólo escribe unas cuantas palabras clave, en lugar de frases completas, para recordar las cosas interesantes que ocurrieron a lo largo del día.

Un diario hecho con una bonita funda hecha a mano (última página)

Babauta recomienda usar un cuaderno, en lugar de un ordenador –fuente inagotable de distracciones– y dejarlo en un lugar accesible y a la vista. De esta forma, cuando veas tu cuaderno en la mesilla de noche, recordarás que es momento de escribir esas líneas (la contrapartida es la pérdida de privacidad). El tercer consejo de Babauta es no dejar pasar más de dos días sin acercarse al diario.

Las recomendaciones de Pennebaker, por otro lado, están orientadas a lo terapéutico: escribe sobre algo que te preocupe mucho; algo con lo que sueñas con frecuencia; que afecte tu vida de forma no saludable o que hayas estado evitando durante días, semanas o incluso años. El psicólogo aconseja escribir durante un mínimo de 15 minutos al día durante al menos 3 o cuatro días consecutivos. Una vez que comiences a escribir, hazlo continuadamente, sin preocuparte de la gramática o la puntuación.

Con un diario puedes convertirte en tu propio terapeuta. Y mucho más. Como escribe Deena Metzger en Writing for Your Life (sin traducción al español), escribir es, por encima de todo, construir una identidad. Queda en segundo lugar el dejar constancia de la historia de uno, expresar sentimientos, crear personajes o comunicarse con otros: “Las entradas de un diario, así como los poemas o cuentos (…) son variaciones de la necesidad humana fundamental de conocerse profundamente y en relación con el mundo”.

Este artículo se publicó originalmente en El País el 18 de junio de 2012.

Imágenes: El trabajo de Emily, por Sara Lechner.


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