Qué, cómo, cuándo, por qué, para qué elegir

Jueves 27/10/2011, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

Nos pasamos la vida usando estos términos del título. Nuestra existencia es una continua elección. Aquí van, medio en broma medio en serio, unos cuantos ejemplos.

I. El niño se inquieta ante el puesto de variados helados, desde vainilla a turrón, pasando por el clásico de fresa o el más exótico de pistacho. Sus padres, sea por razones dietéticas, sea por educarlo ascéticamente, o bien por simple economía, sólo le permiten una bola. Pero ¡cuántos colorines! ¡Y algunos tienen trocitos de cosas! ¿Cuál elegir?

II. Aquel estudiante está llegando al final de su último curso de bachillerato y aun no ha decidido qué especialidad, qué carrera va a escoger. Con qué criterio actuar: vocacional, aspecto económico, dificultad de las materias,…

Cuatro imágenes del campo: matas y flores

III. Unos padres responsables, religiosos y preocupados por su autenticidad y coherencia, se encuentran indecisos. Su hijo ya no es un bebé. ¿Qué deben hacer con sus creencias? ¿Deben introducir al niño en ellas y, en ese caso, cuándo? ¿O deben dejarlo a su aire, hasta que, ya mayor, decida él por su cuenta?

IV. Va a haber elecciones. Hay, en ese país, un sistema fundamentalmente bipartidista. El partido A gobierna pero no convence. El B no gobierna ni da pautas que resulten atractivas. ¿Por qué razón debo votar? ¿Votar es elegir forzosamente a uno de los dos partidos?

V.
Vacaciones. Playa o mar. He aquí la cuestión. ¿Dónde ir? ¿Qué siento más, ganas de descansar o ansia de diversión? ¿No podría quedarme en casa?

VI. Los náufragos afortunados han podido alcanzar un bote salvavidas. Pero ahora está lleno a rebosar. Cualquier movimiento brusco hace que salte el agua del encrespado mar al interior de la barca, peligrando su estabilidad. De pronto, cuando ya pensaban que eran los únicos supervivientes del desastre, aparece una persona a punto de ahogarse, gritando ayuda. ¿Qué hacer? ¿La deben recoger? ¿Dudarán más o menos en función de que sea niño, mujer, anciano?

VII. Dispone de unos cuantos libros para leer. Todos le atraen, aunque por diversas razones ¿Por cuál empezar?

VIII. ¿Qué tipo de fotografía elegir para ese trabajo? Si hay más de una, ¿a cuál discrimino? ¿Por qué no elegir todas?

IX. Tienen un perro. Lo quieren como a un miembro más de la familia. El can ha enfermado, sufre mucho y el veterinario ha asegurado que no tiene cura, lo ha desahuciado. Dudan si dejar que acabe su vida por sí mismo o ponerle la inyección letal de la que les ha hablado el albéitar. Hablan, discuten. Uno de ellos dice: ¿y si fuera una persona, haríamos lo mismo?

La mayoría de las veces, afortunadamente, lo hacemos sin pensar (subir escaleras, por ejemplo); bastantes veces con pocos problemas (¿café solo o con leche?). Pero a veces decidir qué hacer, cómo hacer, cuándo, puede parecernos una tortura. Parte de la solución quizá sea tener una idea clara del por qué y/o del para qué elegir. O sea, grandes dosis de información y formación. Especialmente para el por qué y el para qué, todos deberíamos ser al menos un poco científicos y un mucho filósofos.


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Alejandro M. Masedo
Alejandro M. Masedo
Profesor jubilado

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