Peregrinos, laicos e indignados

Jueves 8/09/2011, por Patricio de Blas (32 artículos)

Ventajas de tener tiempo para leer (o escuchar) la letra pequeña de los atronadores medios de comunicación. Una de las imágenes más sugerentes que nos ha ofrecido este último agosto, tan cargado de noticias, ha sido la de ver a un grupo de jóvenes peregrinos católicos, laicos e indignados discutiendo, juntos, en Madrid, los problemas que les preocupan.

Los titulares de los medios nos ofrecían los aspectos llamativos y conflictivos de la presencia simultánea de una Jerarquía católica autosatisfecha, exhibiendo su fuerza de convocatoria ¡y de presión! mediante la ocupación del centro de Madrid por miles y miles de jóvenes católicos de todo el mundo. Frente a ella, una minoría de laicos y cristianos de base protestando contra la implicación de los poderes públicos en favor de unas particulares creencias (¡Ay, la fachada de algunos edificios públicos haciendo suyas las consignas de los convocantes!). Y, como telón de fondo, los jóvenes indignados del 15M resueltos a mantener sus enseñas en la Puerta del Sol.

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Lo que los titulares ignoraron, y lo que la letra pequeña permitió ver, fue la insólita coincidencia, en un asunto crucial, de algunos católicos que no creen que los pecados más graves de nuestro tiempo sean los que obsesionan a su jerarquía, de algunos laicos defensores de la libertad de conciencia que no se conforman con reclamar la separación de la Iglesia y el Estado (por cierto, ¿para cuándo?), y de auténticos indignados de todas las edades preocupados por la bajeza moral y la atonía de la vida pública y por la escandalosa desigualdad en el reparto de la riqueza de la tierra: la denuncia y el rechazo del consumismo embrutecedor, que reduce la dimensión humana al ámbito material y narcisista y apaga, por consiguiente, la libertad de conciencia en la que se fraguan las creencias y valores de la persona, y que propicia, de paso, el agotamiento de los recursos del planeta y el hambre de millones de personas en el mundo, como nos mostraban también las noticias de agosto.

Ignoro cuántas personas habría en aquella “asamblea conjunta”. La radio en la que escuché la noticia no lo decía. Serían, seguramente, pocos. Y, sin embargo, el hecho es un símbolo de que algo se mueve en las conciencias de personas de creencias y convicciones dispares, de que hay una tarea común para todas ellas. Cada vez más gente considera que la austeridad no es sólo receta inevitable en tiempos de crisis, sino, probablemente, el requisito para vivir la vida más plenamente, y que hay muchas coincidencias entre los valores republicanos (libertad, igualdad, fraternidad) y los principios cristianos (caridad, projimidad –de prójimo-, reconciliación).

Termino. Los grandes titulares nunca han servido para predecir el futuro; se limitan a contar lo que ha pasado. Sin embargo en la letra pequeña se atisban, a veces, las señales de futuros fuegos.

Atentos, pues, a esas señales.


2 comentarios a “Peregrinos, laicos e indignados”

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  1. Francisco Bernete dice:

    Muy interesante reflexión, como todas las anteriores. Ojalá estos artículos aparecieran más a menudo. Por los textos que encuentro en este blog y por su trayectoria anterior, manifesto mi admiración y afecto a Patricio de Blas, mi profesor de Historia en Bachillerato.

  2. Patricio de Blas dice:

    Gracias, querido Francisco, por tu comentario. En los tiempos que corren para los profesores de instituto es agradable recibir el cariño de antiguos y queridos alumnos. Claro que los lectores de Vida Sencilla, sobre todo los que conozcan tu trayectoria profesional, verán que en tu comentario prima el afecto sobre tu condición de experto en comunicación.


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Patricio de Blas
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