Dos nietos en un año

Martes 5/10/2010, por Patricio de Blas (32 artículos)

De repente, hay dos personas en las que piensas constantemente, a las que deseas ver y tocar, a las que quieres poder hablar para contarles y decirles y preguntarles tantas cosas… Y admiras la fe en la vida y la apuesta por el futuro que han hecho tus hijos, los padres de tus nietos, y sientes la alegría de poder serles útil, de colaborar en la empresa en que se embarcan.

Esta también va de nietos. Porque el que suscribe ha tenido la dicha de pasar de la nada a dos en el plazo de un año –de agosto a agosto–. Ya sé. Más de uno se preguntará qué interés puede tener este asunto familiar-personal para convertido en categoría, sacarlo a la red y ofrecerlo a los seguidores de Vida Sencilla.

Se lo voy a explicar.

Mano de un abuelo en primer plano. Cara de un bebé, difuminada, al fondo

Abuelo, por Conor Ogle

Estoy estamos, los jubilados, en la edad de Saturno (los sesenta), esa edad en que “anochece, que no amanece” y en la que el melancólico planeta nos comunica con “humor y horror de viejo” la triste condición que nos espera: “vivir enfadados y enfadando, a lo perro viejo, royendo lo presente y lamiendo lo pasado, lánguidos en el hablar, tardos en el ejecutar, escasos en el trato, descuidados en el traje, destituidos de sentidos, faltos de potencias y a todas las horas y de todas las cosas quejumbrosos”.1

Y, en esas, te encuentras, sin mérito de tu parte, con el regalo de una nieta, primero, y de un nieto, después. Y cambian las coordenadas en que se desarrolla tu vida. No, no te devuelven a las edades de Júpiter, de Marte ¡qué alivio!, ni mucho menos ¡ay! a la de Venus. Es algo más gozoso y más simple. Te traen el aprecio y el gusto por la vida, y la dulce sensación de compartirla. El escepticismo en que estabas instalado ya no te parece inevitable, ni razonable.

Porque tus nietos te ofrecen el conmovedor espectáculo del aprendizaje de la vida: respirar, alimentarse, sonreír, llorar, moverse, balbucear; el despertar del afecto y la curiosidad, la búsqueda del amparo y la seguridad… Como son los padres de las criaturas quienes han de ocuparse de lo básico (la alimentación, la salud, la educación de los pequeños) los abuelos podemos dedicarnos a quererlos, a observarlos y a disfrutar de su compañía.

De repente, hay dos personas en las que piensas constantemente, a las que deseas ver y tocar, a las que quieres poder hablar para contarles y decirles y preguntarles tantas cosas… Y admiras la fe en la vida y la apuesta por el futuro que han hecho tus hijos, los padres de tus nietos, y sientes la alegría de poder serles útil, de colaborar en la empresa en que se embarcan. Y te tranquiliza saber que cuando llegue tu fecha de caducidad seguirá la corriente de la vida y en ella, bregando, los tuyos.

Aquí tienen, de paso, la razón de lo pesados que nos podemos poner los abuelos con los nietos, como recordaba mi amigo y compañero de rincón en su reciente entrega Dos fotos.

1. Baltasar Gracián “El criticón”. Tercera parte X. La rueda del tiempo.

3 comentarios a “Dos nietos en un año”

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  1. Patricia dice:

    Gracias por darle a la experiencia de ser abuelo una visión tan generosa y optimista.

  2. Teresa Vidaechea dice:

    Me ha encantado y me has dejado sin palabras. Al leerlo sólo pienso en la emoción que un día sentirán tus nietos leyendo a su abuelo, una persona sencillamente admirable, de la que siempre estarán orgullosos.

  3. Josefina dice:

    Qué suerte tienen tus nietos, Patricio. Espero que hereden esa generosidad…


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Patricio de Blas
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