“Nespresso” y Montaigne

Miércoles 14/12/2011, por Patricio de Blas (32 artículos)

En estas fechas solemos bajar la guardia y nos apuntamos, sin pensar, al absurdo reto que nos proponen fabricantes y vendedores invitándonos a seguirles en la carrera por renovar cada año sus modelos, adquiriendo y regalando nuevos artefactos que, amén de tener una dudosa utilidad para el destinatario, le causarán algún desasosiego y no pocos quebraderos de cabeza.

¿Tienen ustedes una cafetera Nespresso? Para los que no conozcan el invento, les informo.

Compras una cafetera especial y adquieres, para cebarla, unas porciones de café envasadas al vacío en cápsulas de aluminio que se venden, a 35 o 40 céntimos por cápsula, en cajitas de a diez.

Viñeta de El Roto: una mujer con bolsas; ella misma tiene asas, como una bolsa

Consumo (El Roto), por Desazkundea

Hay más. Las cápsulas sólo se venden en un local pijo de tu ciudad al que habrás de peregrinar para adquirirlas. Eso sí, practicando este ritual formarás parte del club Nespresso y, probablemente, cuando estés en la cola esperando tu turno para adquirir las dichosas cápsulas cruzarás la mirada con algún compañero de la fila de al lado (suele haber dos) y te preguntarás, como él, ¿Qué demonio pintamos aquí? Luego, al llegar a casa con tus cápsulas, te acordarás de la vieja cafetera italiana que desechaste y hasta añorarás el café de puchero de tu abuela.

Les cuento lo del Nespresso porque en estas fechas solemos bajar la guardia y nos apuntamos, sin pensar, al absurdo reto que nos proponen fabricantes y vendedores invitándonos a seguirles en la carrera por renovar cada año sus modelos, sean estos de informática, telefonía, imagen y sonido, o de todo en uno como se lleva ahora, adquiriendo y regalando sus nuevos artefactos que, amén de tener una dudosa utilidad para el destinatario, le causarán algún desasosiego y no pocos quebraderos de cabeza.

Apuntarse a esta carrera sin sentido y sin final guarda cierto parecido con el empeño en hacer o decir, cada día, cosas más complicadas y vanas con tal de conseguir la atención y el aplauso de los hombres. Cuenta Montaigne, a este propósito, que a un señor principal le presentaron un hombre experto en lanzar granos de mijo con tal destreza que los pasaba siempre, sin fallo alguno, por el orificio de una aguja. Cuando le pidieron un regalo para retribuir tan singular actividad, ordenó, con mucha gracia y justicia, que le hicieran dar al operario dos o tres sacos de mijo para que tan hermoso arte no dejara de practicarse.

Traigo a colación el cuento porque la moraleja de Montaigne, a propósito de este, sirve también para calificar la absurda carrera del consumo en que estamos instalados. Dice así: Constituye una prueba extraordinaria de la flaqueza de nuestro juicio el hecho de que alabe – o adquiera, en nuestro caso- las cosas por la rareza o novedad, o incluso por la dificultad, cuando no se les suman la bondad y la utilidad.


4 comentarios a ““Nespresso” y Montaigne”

Subir
  1. kamyllo dice:

    Estoy de acuerdo, la renovación de productos por un capitalismo salvaje, sin sentido y despiadado con su entorno, no es la mejor forma de encontrar la felicidad!

  2. maribel dice:

    interesante

  3. CARLOS dice:

    ¿Y si el consumo mantuviera el mundo en marcha? Un abrazo. C.

  4. nadyasr dice:

    Disiento en que no es una forma de encontrar la felicidad. En mi caso, la nespresso ha supuesto muchas ventajas en mi vida cotidiana. Sólo pensar en el olor del café recién hecho por la mañana ya me inunda de felicidad. Soy hipertensa (discretísimamente en palabras de mi doctor), y la unidosis de café que me proporciona la nespresso es mi única fuente de cafeína que me permito al día. Vivo en pareja, y a mi chico no le gusta nada el café, por lo que para mí era un engorro el hacer mi cafetera de 1 todas las mañanas, y tener que esperar a que se acabara el paquete para poder disfrutar de otro sabor de café distinto.
    Tampoco es cierto que debas acudir a una única tienda o distribuidor, pues en el supermercado mismo encontramos marcas de otros fabricantes, e incluso puedes adquirir las cápsulas vacías y así poder usar cualquier café.
    Por supuesto que no deberíamos dejarnos llevar por el consumismo ni por ningún otro medio de manipulación. Al contrario, debemos fomentar la libertad de acción que nos conduzca a un mayor bienestar intra e interpersonal.


Hacer un comentario

Subir

Si entras con tu cuenta es aún más fácil: | Iniciar sesión


+ 4
Patricio de Blas
Patricio de Blas
Profesor jubilado

Si conectas, colabora

Síguenos en Facebook RSS

Contamos contigo

Necesitamos el apoyo de nuestros lectores. Puedes colaborar económicamente o enviando contenidos (textos o material gráfico) acordes con la línea editorial de Vida Sencilla. Las sugerencias siempre serán bienvenidas.