Navidades: manual de supervivencia

Jueves 22/12/2011, por Natalia Martín Cantero (54 artículos)

Como bien saben los terapeutas, nuestra vida está sujeta a un continuo proceso de ajuste entre lo que uno siente y lo que sucede ahí fuera. Las vacaciones navideñas son un caldo de cultivo idóneo para que se produzcan grandes contrastes entre el paisaje de dentro –a la nostalgia, tristeza o estrés se añade este año preocupación por el futuro– y el de fuera: alegría, alegría, alegría, como dice el villancico.

¿Cómo lidiar con ello? Quizá conozcas el relato del país donde todo el mundo andaba descalzo:

Un día, la reina se cortó el pie al caminar sobre un terreno rocoso. Molesta, congregó a sus ministros y ordenó que todas sus tierras se cubriesen con cuero. Un ministro sabio se levantó y sugirió una idea más sencilla. “En vez de cubrir el reino con cuero, más bien cubramos las plantas de los pies de todos los habitantes”. A la reina le pareció buena idea, y de ahí el origen de los zapatos.

Una pequeña y solitaria luz de navidad junto a una ventana

Luz de navidad, por John Wardell

Suena absurdo alfombrar todo un país para proteger los pies de sus habitantes. Y sin embargo, como señala el psicólogo y experto en el tratamiento de la depresión y ansiedad Marty Cooper, mucha gente exige–internamente, al menos– que la presión ambiente, por así decir, sea equivalente a la suya propia, la interna.

Si las cosas fueran como debe ser, la tía Luisa sería menos pesada y dejaría de llenarme el plato hasta arriba en Nochebuena cuando le he dicho mil veces que estoy a dieta. Pero como la tía Luisa es la tía Luisa, la estrategia de transformarla para que se ajuste a mis deseos es, en última instancia, inútil. Que levante la mano quien no haya deseado, al menos alguna vez, otros familiares, otro menú navideño, otros regalos, otra programación televisiva en Nochevieja. Hay, incluso, a quien le gustaría que erradicasen la fiesta de la faz de la tierra.

Todo esto no es nada práctico. He aquí algunos trucos para adaptar la presión interna a lo que ocurre ahí fuera:

  1. Analiza tus expectativas. Como diría Woody Allen, la familia es la fuente de todas las neurosis. Tu sistema nervioso se formó ahí dentro, en el seno de la familia, y por eso durante esas reuniones familiares suelen aparecer diferentes versiones de ti mismo –como adulto, niño o adolescente– que se entrelazan entre sí de formas no del todo coherentes. Si la idea de fallecer por combustión espontánea no te seduce, Cooper recomienda “experimentar lo que sea que te esté ocurriendo sin imponer grandes demandas sobre ti mismo o los demás”.
  2. Acepta lo que sientes. Una de las principales presiones que nos creamos a nosotros mismos se produce cuando nos exigimos sentir lo que nuestras familias quieren que sintamos, o lo que creemos que deberíamos estar experimentando: el famoso –y temido– espíritu navideño. “Trata de confiar en que lo que tenga que suceder sucederá, y lidia con ello lo mejor que puedas. Pero permitiendo, no suprimiendo”, señala Cooper.
  3. Reconoce que el estrés es a las Navidades lo que el frío a la nieve. Y en particular las fiestas de este año, que aparecen envueltas en primas de riesgo y una crisis galopante. Un contexto que no se presta a celebrar con champán. “Las expectativas siempre crean presión”, señala Cooper, “permitir a las navidades que sean estresantes, cuando realmente lo son, paradójicamente libera más energía que tratar de estar permanentemente tratando de vivir esa falsa alegría.”
  4. Tómate tiempo para ti mismo. Una vez en la dinámica de seguir el guión, que en muchas familias significa estar pegados a todas horas, puede que parezca que no hay sitio para tu yo adulto y autónomo, en una versión ampliada y persistente del “come más, hijo, que estás muy flaco”. Niega ese cucharón extra de sopa a tu suegra. Vete al cine o a dar un paseo. “Al aceptar tus propias necesidades, volverás a la comunidad más fresco y más dispuesto a integrarte”, señala Cooper.
  5. No te atiborres (a menos que realmente quieras). Que sean fiestas no tiene por qué significar carta blanca para todo. Quizá puedas ser algo más indulgente, pero ten en cuenta que, si bebes o comes de más, te sentirás peor.
  6. Navidades en crisis. Estas navidades pueden ser muy duras para quienes están sufriendo la crisis de forma directa. El peligro de sucumbir al desánimo es grande. Conviene tener presente, señala Cooper, que la depresiones no se producen a causa de circunstancias externas, sino por la manera en que interpretamos esas circunstancias. Es posible utilizar la crisis como una oportunidad para mejorar tu capacidad de autocontrol y trabajo interno, aun cuando sientas que nunca habrías elegido estar en estas condiciones. “Si no puedo tomar control sobre cosas como trabajo o dinero, puedo hacerme mejor a la hora de escoger mis pensamientos, y mis habilidades básicas para orientar mi vida con confianza”, señala el psicólogo.
  7. Permite que las vacaciones se integren en tu vida, no tu vida en las vacaciones. A modo de resumen: no trates las fiestas como un mundo separado de tu vida, sino como una fase más, con sus pros y sus contras. Las expectativas crean presión, y la presión es ese diferencial entre lo que tú eres y el mundo es. Como señala Cooper, “si tratas a las vacaciones como una parte más de tu vida, la presión se reduce y puedes disfrutarlas por lo que son, en lugar de lo que deberían ser”.

Este artículo se publicó originalmente en El País el 13 de diciembre de 2011.


2 comentarios a “Navidades: manual de supervivencia”

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  1. alejandra dice:

    Es Perfecto!….Casi, totalmente, he logrado, vivirlo de ese modo. Gracias, me hace sentir-me, “menos, sapo de otro pozo”, y más sabia.

  2. Patricia dice:

    Gracias. Muy bueno, para cerrar bien el año.


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