Los pps

Jueves 20/01/2011, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

¿Puede ser que empache tal cantidad de cosas buenas como se reciben por Internet? Nuestra capacidad de admiración, de sentimiento, ¿no se queda atrofiada por tanta imagen maravillosa, tanta sentencia solidaria?

¿Tiene algo de particular la imagen? No. Ni es perfecta, ni original; las hay mucho más espectaculares. No y no. Sin embargo…

Unas hojas de roble rosadas salen del suelo en el campo

No hace mucho tiempo leía el artículo ¿PowerPoint nos hace estúpidos? sobre los problemas que podía estar causando el muy conocido programa que permite hacer presentaciones con gran facilidad. El tono era más bien pesimista y negativo. Empezaba afirmando: “PowerPoint nos hace estúpidos”. No sería yo tan rotundo en la evaluación de los males que pueda producir tal programa (que, por lo demás, es agradable, entretenido y –faltaría más– útil). Tampoco voy a entrar en el posible problema de miles de “trabajadores de oficina“ enviando y recibiendo “pps” a troche y moche, naturalmente en horario de tareas, pues bastantes cargas tienen en esta época de crisis.

Hoy he recibido por correo electrónico un archivo titulado “Fantásticas.pps”. Abro el fichero producido con PowerPoint y, en efecto, contiene unas hermosas (y numerosas) fotografías de paisajes de todo el mundo. ¿Cómo no verlas? Pero ayer fue igual. Y puedo asegurar que mañana también.

Un correo contenía un “Detente un momento.pps”. Caigo en la tentación y me detengo más de un momento. Ahora no son únicamente paisajes, sino imágenes de animales en actitudes francamente simpáticas o tiernas, aunque lo importante sean las reflexiones, sentencias, consejos, de gente sabia y santa (en el amplio sentido de la palabra) que no puedes dejar de leer por su belleza e interés. A todo esto le hacen competencia diversos factores relativos a la presentación: trucos vistosos en el aparecer de cada pantalla, letras cuyos tipos y colorido está bien buscado,…

Así sucede un día tras otro con la recepción de ficheros de tipo pps. Y, entre la gente que yo conozco, ocurre igual. Por indicios que capto, el problema es general.

Aquí me parece que tenemos un problema. Para algo tenía que servir disfrutar de un colega de Rincón aficionado a B. Gracián, pues su resonancia me ha traído un dicho que viene al pelo ahora: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno… “. Los pps conteniendo paisajes, obra extensa de pintores, monumentos, museos, incluso ruegos y recomendaciones muy solidarios, tienen, en efecto y por lo general, contenidos gráficos muy buenos, incluso excelentes. Pero son muchos los archivos que tienes que apreciar y muchísimas las fotos de las que disfrutar.

Insisto, no me refiero al tiempo empleado –factor no desdeñable– si no, a mi juicio, al efecto tan poco educativo que estaría produciendo entre los usuarios de Internet. ¿No debería empachar tanta cantidad de cosas buenas? Nuestra capacidad de admiración, de sentimiento, ¿no se queda atrofiada por tanta imagen maravillosa, tanta sentencia solidaria? ¿No estamos confundiendo el gozo con un pasar pantallas y más pantallas?

Con PowerPoint es fácil, como decía, hacer nuestras propias presentaciones, o recopilaciones, para nosotros mismos, con nuestro propio material que, y esto es clave, no tiene por qué ser estupendo ni formidable. Pero nos limitamos a pasar hojas y hojas en el monitor, sin sentir nada o casi nada, reflexionando menos, pues nos espera el siguiente pps.

Y ahora vuelvo al principio. ¿Tiene algo de especial la fotografía aquí expuesta? Ahora digo rotundamente: sí. Que es mía. Que he disfrutado de un paseo haciendo mis fotos, que puedo modificarla y hacer con ella cosas atractivas, divertidas. Incluso un pps, aunque pensándome mucho a quién se lo mando (¿por qué no enseñárselo simplemente a tu sufrida pareja?). Y, desde luego, más “productivo” que ver 50 fotos seguidas es fijarte bien en lo que se ve pero quizá no se ha apreciado. La flor, ahí sola. Su color tan prodigioso (no es mi mérito, ella es así). Su forma. Y lo que la rodea, un mundo vegetal superpoblado, más el que probablemente esté oculto. Esto lo podemos hacer todos, puesto que yo lo he hecho y soy un mero aficionado.

¿Para qué tanto pps? Más aun, no es necesario hacer fotos, solo hace falta mirar por allí donde pasemos. Así que termino repitiendo la frase del sabio Gracián, con el añadido que faltaba: Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo.


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Alejandro M. Masedo
Alejandro M. Masedo
Profesor jubilado

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