La vida, la muerte y los huesos de Descartes

Miércoles 2/06/2010, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

Acabo de terminar Los huesos de Descartes, de Russell Shorto. Este libro recuerda una cita de Wittgenstein, el filósofo, que dice más o menos así: “La muerte no es un acontecimiento de la vida”.

En la lectura de esta frase debí pasarme de velocidad porque me salté la partícula “no”. “La muerte es un acontecimiento de la vida”, procesó mi mente. Interrumpí la lectura, para meditar sobre la frase. (¿Recuerdan que he sido profesor? Pues aprovecho para añadir: “que es lo que se debe hacer, leer despacio, con interrupciones, sin hacer una competición para terminar un libro más”. Claro que, para desgracia de mi ilustración, no siempre lo hago; más aún, casi nunca lo hago).

Árbol seco

Bien, la frase. Qué gran verdad, la muerte se vive en la vida. Es duro pensar en la muerte, pero es buena disciplina hacerlo.

Seguí leyendo y comprobé que las reflexiones que hacía el autor, Shorto, iban por el camino por mí reflexionado, negando lo que afirmaba Wittgenstein. Esto me llevó a releer la frase y comprobar que había en ella un “no” que yo había omitido. Bien, Shorto y yo disentimos del gran Wittgenstein -¿por qué ser tontamente humildes?- y supongo que más personas harán lo mismo.

Pero creo que hay muchas más que se comportan como si estuvieran de acuerdo con esa máxima. Y, posiblemente, a mayor edad (y aquí entra el ejército de los jubilados) se tienda a pensar menos en el hecho de que algún día desapareceremos (más aun, para siempre). Pensar en la muerte y, también, preguntarnos a nosotros mismos, de forma clara y rotunda, qué creemos en realidad. A lo mejor algunos se llevaban una sorpresa. ¿Estamos de acuerdo en que hablar con otros de la muerte, de la nuestra, pensar en ella, es uno de los tabúes más fuertes que tenemos? Y, sin embargo, convertir un asunto molesto en tema de conversación o de reflexión es una buena manera de quitarle hierro, de aceptarlo con más naturalidad.

Citaba al principio el libro Los huesos de Descartes. Quizá escriba más otro día de esta obra. De momento, me permito recomendarlo. Pero no se preocupen, no hace reflexiones sobre la muerte, ni tiene nada de macabra.

Para saber más:


3 comentarios a “La vida, la muerte y los huesos de Descartes”

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  1. Josefina dice:

    A muchos de nosotros nos vendría bien pasar un tiempo, como hacen los monjes tibetanos –y en otras tantas culturas– en el lugar donde los buitres van a devorar los cadáveres. Así nos dejaríamos de tonterías.

    Bello árbol-imagen de la muerte, por cierto…
    J.

  2. Patricia dice:

    Uno sólo piensa en la muerte cuando no hay más remedio . Cuando alguien cercano muere, cuando sobreviene el miedo, cuando te haces mayor…
    Y es curioso porque la muerte está en todas partes pero, como tantas cosas que pasan a nuestro alrededor, lo ignoramos.
    Sí, está bien de vez en cuando reflexionar sobre esas cosas tan presentes pero tan ignoradas para comprendernos un poco maś a nosotros mismos.
    P.

  3. Alejandro M. Masedo dice:

    Dices, Patricia, “… uno piensa en la muerte… cuando no hay más remedio… cuando te haces mayor…” y me hace cierta gracia pues yo debo serlo un poco ya.
    Pero esa es la forma en que parece que funcionamos. ¿Nos va bien así? No sé, a lo mejor podrías explicar tu opinión, y te salía un buen ensayo.
    Josefina, como el Tibet está un poco lejos, al menos para mi, aquí al lado de Segovia, en la cercana sierra, hay algún lugar donde se reunen los carroñeros. Un saco de dormir, un poco de pan, y a meditar.
    Gracias a las dos.
    A.


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Alejandro M. Masedo
Alejandro M. Masedo
Profesor jubilado

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