Llamadme por mis verdaderos nombres

No digáis que partiré mañana,
pues aún estoy llegando.

Mirad profundamente;
estoy llegando a cada instante,
para ser brote de primavera en una rama,
para ser pajarillo de alas aún frágiles,
que aprendo a cantar en mi nuevo nido,
para ser mariposa en el corazón de una flor,
para ser joya oculta en una piedra.

Aún estoy llegando
para reír y para llorar,
para temer y para esperar.

El ritmo de mi corazón
es el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy un insecto
que se metamorfosea
en la superficie del río.

Y soy el pájaro
que se precipita para tragarlo.

Soy una rana
que nada feliz
en las aguas claras del estanque.

Y soy la serpiente acuática
que sigilosamente
se alimenta de la rana.

Soy el niño de Uganda,
todo piel y huesos,
mis piernas tan delgadas
como cañas de bambú.

Y soy el comerciante de armas
que vende armas letales a Uganda.

Soy la niña de doce años,
refugiada en una pequeña embarcación,
que se arroja al océano
tras haber sido violada por un pirata.

Y soy el pirata,
cuyo corazón es aún incapaz
de ver y de amar.

Soy un miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos.

Y soy el hombre que ha pagado
su “deuda de sangre” a mi pueblo
muriendo lentamente
en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera,
tan cálida que hace florecer
las flores de la Tierra entera…

Mi dolor es como un río de lágrimas,
tan vasto que llena
los cuatro océanos.

Llamadme por mis verdaderos nombres,
os lo ruego
para poder despertar
y que la puerta de mi corazón
pueda quedar abierta,
la puerta de la compasión.

Thich Nhat Hanh

Viernes 10/05/2013

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