Reflexión, seguramente incorrecta, sobre el lenguaje políticamente correcto

Martes 25/01/2011, por Patricio de Blas (32 artículos)

El lenguaje “políticamente correcto” alberga trampas, alimenta hipocresía y contribuye en poco al cambio de las mentalidades y comportamientos con respecto al problema que pretende resolver. La reedición de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn es prueba de ello.

El próximo 15 de febrero, la Editorial NewSouth Books publicará una edición políticamente correcta de Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain. Imaginen lo que tal cosa significa. Acertarán. Porque, efectivamente, don Alan Gribben, de la Auburn University Montgomery (Alabama), autor del desaguisado, ha censurado al deslenguado Huck Finn, cambiando el término “negro”, que aparece en 219 ocasiones, por el de “esclavo” (¡Pobre Jim!). De esa forma las novelas de Mark Twain podrán volver a la lista de lecturas escolares de las que algunos colegios las habían proscrito.

Relieve de un hombre y una mujer que parecen estar peleándose

Guerras de sexos, por giodi

No teman. Este capítulo del “rincón” no va a tratar de la censura literaria. Los interesados, sobre todo si saben inglés, pueden seguir en Google (NewSouth-Mark Twain) la polémica desatada desde que el 4 de enero la NewSouth anunciara su propósito.

A la semana de leer esa noticia he tenido ocasión de asistir –me ha invitado mi hija Patricia, atenta a cubrir las lagunas culturales de su padre– a la representación de Razas, la última obra (2009) de David Mamet, que hace exactamente lo contrario que Gribben: libera la lengua de sus personajes, y las lenguas desatadas hacen aflorar los profundos prejuicios racistas que anidan en las conciencias de todos los personajes: del ejecutivo blanco acusado de violar a una joven negra; de los dos abogados –el blanco y el negro– (excelentes Toni Cantó y Emilio Buale) dueños del bufete al que se encomienda, y de la joven mulata recién contratada por estos. Así, el dramaturgo norteamericano, al tiempo que satiriza la justicia, muestra las trampas de la “discriminación positiva” y descubre, en definitiva, la utilización, por unos y otros, del color de la piel para sacar partido de él.

Pero, no. Tampoco va de racismo la prédica del rincón. Los interesados por el tema aún están a tiempo de ir al Matadero, ver la obra de Mamet, y juzgar el mensaje de Razas.

Lo que quería proponerles hoy es una reflexión sobre las trampas del lenguaje “políticamente correcto”, de la hipocresía que alimenta y de lo poco que cambia las mentalidades y los comportamientos respecto al problema que pretende resolver. Y, puesto que los españoles – eso es lo que decimos todo el rato– no somos racistas, les sugiero que, para evitar salidas por la tangente, respondan a esta sencilla pregunta que apunta hacia otro lado: ¿creen que tanto esfuerzo por introducir un lenguaje no sexista (“los vascos y las vascas”, los “alumnos y las alumnas” …), y hasta la pretendida paridad hombre-mujer en la provisión de cargos, han hecho de su vecino – y de usted– una persona más considerada en las relaciones con el otro sexo?


2 comentarios a “Reflexión, seguramente incorrecta, sobre el lenguaje políticamente correcto”

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  1. Patricia dice:

    En mi caso no ha servido para convencerme de nada, ya lo estaba, pero sí ha añadido un plus de dificultad ( y de exasperación , por qué no decirlo) a la hora de leer esos textos llenos de os/as . Absurdo.

  2. Carlos dice:

    Creo que no. Me parece una estupidez que no contribuye, en absoluto, a mejorar las relaciones entre hombres y mujeres. Es un leguaje que cansa y aburre.
    Tampoco creo en las discriminaciones positivas. Siempre serán discriminaciones.


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Patricio de Blas
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Profesor jubilado

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