La torre de Valencia como símbolo

Jueves 8/03/2012, por Patricio de Blas (32 artículos)

La Torre de Valencia, un mamotreto en el parque de El Retiro que avergüenza a muchos madrileños, nos devuelve al crudo presente de cemento o a lo peor de nuestra historia.

De un tiempo a esta parte, no sabría precisar el momento, ese monumento a la prepotencia ha privado a mis paseos por el Retiro del placer y sosiego al que solía asociarlos. Se ha convertido en símbolo de lo irreversible de algunos errores -personales o colectivos- cometidos en la vida, que el manto piadoso del olvido no llega nunca a tapar.

El estanque del Retiro, con el monumento a Alfonso XII (y la Torre de Valencia) al fondo

La postal del Retiro, por Begoña V.

Como tantos madrileños, de adopción o de cuna, me había resignado ya a la obscena presencia de ese gigantesco mojón que, desde 1973, rompió para siempre la perspectiva racional y estética del eje Sol-Cibeles-Puerta y calle de Alcalá fruto del esmero del municipio y de sus vecinos durante los siglos precedentes.

Recordemos. Un regidor municipal, Carlos Arias Navarro, de infeliz recuerdo para muchos españoles, autorizó ese desaguisado urbanístico, iniciativa -cómo no- de un grupo de promotores levantinos, que a casi todos perjudicaba y a muy pocos favorecía, desoyendo las fuertes críticas de personas afines al propio régimen de Franco, pero sensibles al atropello que se perpetraba.

Contemplada hoy desde el corazón del Retiro, la torre de Valencia (95 m de altura) se presenta, además, como el vigía que controla los proyectos y sueños, las nostalgias y recuerdos de cuantos paseantes y deportistas lo frecuentan. El mamotreto nos devuelve, inevitablemente, al crudo presente de cemento o a lo peor de nuestra historia.

En cierta ocasión, una pareja de jóvenes hispanos me pidió que les hiciera la clásica foto del turista que pasa por Madrid. Apoyados en el pretil de la parte occidental del estanque, con las barcas y el agua a sus espaldas, a la altura del monumento a Alfonso XII, el “Pacificador”, les sugerí que, a cambio del pequeño favor que me pedían, se desplazaran unos metros hacia el norte.

Lo habrán adivinado. Trataba de evitar que, con la foto, se llevaran a sus casas esa imagen que nos avergüenza a los madrileños: detrás, y por encima, del rey (30 m, la estatua es de Benlliure) el poder del cemento, del negocio. Otra alegoría, si quieren, de los males que nos aquejan.

Disculpen, amables visitantes del rincón, este desahogo fruto, seguramente, de la conjunción de un invierno soleado -los árboles sin hojas permitían elevar la perspectiva y chocar a cada paso con la mole de cemento- y la manía del jubilado del rincón que tiende a mezclar todo en su memoria.

Ignoren, si pueden, la torre y disfruten, mientras pasean, de la eclosión de la primavera en el Retiro.


Un comentario a “La torre de Valencia como símbolo”

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  1. Aitor dice:

    La Torre de Valencia es un edificio singular de los años 70,a mi como madrileño de nacimiento es un edificio que me encanta y me parece estupendo. Siempre tiene que haber alguien que se meta con las cosas buenas que tiene Madrid…. A mi lo que me parece una aberración son las condenadas torres Kio,y los tres rascacielos que se han construido en pleno paseo de la ccastellana.


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Patricio de Blas
Patricio de Blas
Profesor jubilado

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