La sabiduría de la tortuga: Sin prisas pero sin pausa (segunda parte)

Martes 19/10/2010, por José Luis Trechera

El tiempo se está convirtiendo en uno de los bienes más escasos en los países desarrollados. La presión se hace insostenible y comienza a pasar factura. En la segunda parte de este artículo sobre el uso (o mal uso) del tiempo, el autor presenta algunos comportamientos que reflejan esta “protesta”, y sugiere alternativas y un “decálogo para aprendices”.

Alteraciones psicosomáticas. Los nuevos ritmos de vida están fomentando distintas patologías: desequilibrios metabólicos, obesidad, trastornos digestivos, insomnio, trastornos del sueño, etc.

Ansiedad y tensión. Aumento de la agresividad, la competitividad y la sensación de vivir en un estado de alerta permanente. Se acude a “muletas” – drogas o sustancias estimulantes- para que “ayuden” a mantenerse en pie, con el consiguiente coste psicológico y fisiológico que provocan dichos psicofármacos.

Activismo. Tendencia a potenciar las “multitareas”. Nos convertimos en hombres orquesta que al mismo tiempo queremos realizar diferentes actividades: conducir comiendo, bebiendo o hablando por el móvil. En Japón va en aumento una patología laboral que se denomina karoshi o muerte por agotamiento laboral.

Omnipotencia, omnipresencia y creerse imprescindible. Se piensa que se es insustituible y necesario para realizar todas las actividades. ¿Cómo van a salir las tareas, si no la hacemos nosotros? Según apuntó el filósofo Bertrand Russell, “creer que nuestro trabajo es terriblemente importante, es uno de los síntomas que nos muestra que el colapso nervioso es inminente”.

Deshumanización personal. No se piensa, se actúa como robots, ya que no hay tiempo para pararse y reflexionar. Se funciona con recetas. A su vez, cuando se va tan deprisa, se pierde la capacidad de sentir y “saborear” las experiencias. Muchas veces no somos ni conscientes de lo que comemos, ya que quizá no nos demos ni cuenta. Curiosamente, parece que se tiene como objetivo construir robots que piensen  y personas que sean autómatas.

Fragmentación y “temporalidad”. Se potencia la “sociedad del contrato temporal”. Se sacraliza lo provisional y relativo, con lo cual ya no hay compromiso ni proyectos a largo plazo. Se pone en práctica al fenómeno Kleenex, todo es para “usar y tirar”, y tiene “fecha de caducidad”. En consecuencia, lo mismo que se hace con los utensilios, se realiza con las personas.

Desestructuración social. La falta de tiempo la están pagando las familias, las madres trabajadoras, etc. Lamentablemente, los buenos momentos no vividos con los hijos cuando tienen dos años, no se pueden recuperar cuando cumplan dieciséis. 

Caracol pintado en la pared

Caracol, por bitmask

La situación actual se podría sintetizar en los siguientes trastornos que se observan en la práctica clínica:

  • La enfermedad de la prisa: “el hombre orquesta”.
  • La adicción al trabajo: “Adicción decente y respetable”.
  • El estrés: “La chispa de la vida o la carcoma que corroe y mata”.
  • El síndrome de “estar quemado”.
  • El narcisismo: “Narcotizados y aplastados por el Yo”

¿Cuál es la alternativa? Podría resumirse así: la calma es oro.

La gente siempre culpa a sus circunstancias por ser lo que son. Las personas que progresan en este mundo son aquellas que buscan las circunstancias que quieren y, si no son capaces de encontrarlas, las crean

G.B. Shaw

Frente al mal o enfermedad del tiempo, hay que afirmar que la velocidad no lo es todo. Así, el vals de un minuto de Chopin no será dos veces mejor porque lo toquemos en treinta segundos. Un idioma no se aprende en un cursillo intensivo de cinco días. La realidad nos muestra que no sabemos adónde vamos pero curiosamente, sí avanzamos a pasos agigantados.

La solución no es “bajarse del mundo”, como sugiere el eslogan de los años sesenta (“que paren el mundo que me quiero bajar”), sino tomarse la vida con más calma.

En los últimos años empieza a abrirse camino el movimiento Slow que parte del supuesto de que la serenidad aumenta la calidad de vida. Como afirma su principal exponente, Carl Honoré, no se pretende una declaración de guerra contra la velocidad. Hay situaciones en las que viene muy bien actuar más rápido, pero lo que no podemos es convertir la velocidad en una obsesión” La “desacelaración” nos puede hacer más efectivos y de ahí que, a través de la sensibilización sobre los estilos de vida,  el movimiento Slow nos empuja a saborear la vida y no sólo a sobrellevarla. En la misma línea se encuentra el movimiento Slow Food, que surgió en Roma como respuesta a la invasión de los establecimientos de comida rápida, o la Cittá Slow, red de más de cien “ciudades lentas” que levantan barreras al coche y reivindican la reconquista de las calles.

Desde nuestra experiencia ofrecemos un decálogo que puede aportar algunas pistas para cambiar de estrategia:

Decálogo para aprendices: La calma es oro

  1. Cambiar el reloj por la brújula: tener un norte claro.
  2. Convertirse en el protagonista de la propia historia: poner los medios.
  3. Aprender a conocerse: fortalezas y debilidades.
  4. Saber priorizar: jerarquía de valores.
  5. Saborear el presente: carpe diem.
  6. Saber perder el tiempo: ganar calidad de vida.
  7. Darle tiempo al tiempo: la creatividad necesita tiempo.
  8. Saber simplificar: soltar lastre.
  9. Saber ser paciente y perseverante: ser proactivo y no reactivo.
  10. Saber vivir: ser positivo y tener sentido del humor.

Comenzábamos reflexionando sobre la tortuga y terminamos también con ella. Ya Esopo nos cuenta la fábula de la tortuga y la liebre, en la que ambas se retan a una carrera y precisamente por su prepotencia, la liebre pierde. Es la constancia y la perseverancia de la tortuga la que le da la victoria. Es curioso que en nuestro contexto cultural ser lento sea sinónimo de torpe e inútil cuando en tantas culturas la tortuga es un animal espiritual y símbolo de longevidad y sabiduría.

Moverse con lentitud no significa pensar o vivir con apatía. Lo fundamental es hacer buen uso de esa lentitud. Quizás lo básico no es ser “tan-lento”, sino actuar con “talento”. He ahí la sabiduría de la tortuga: sin prisa pero sin pausa.

Jose Luis Trechera es Profesor de Psicología del Trabajo en ETEA (Córdoba), y autor del libro: La sabiduría de la tortuga. Sin prisa pero sin pausa, de donde procede este artículo, que fue publicado originalmente en Psicología Online.

Lee aquí la primera parte de este artículo.


3 comentarios a “La sabiduría de la tortuga: Sin prisas pero sin pausa (segunda parte)”

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  1. José María dice:

    Geniales consejos. Gracias.

  2. Pangea dice:

    Que gran artículo, no se porque tengo la sensación que nos vamos programando y no nos damos ni cuenta ¿es la necesidad del conjunto de la sociedad que las personas indivuduales vayan tan veloces o hay intereses de ciertas personas para que el mundo vaya más rapido?

    Un saludo, me encanta leeros.

  3. Vida Sencilla dice:

    Buena pregunta, Pangea. A ti, ¿qué te parece? En el corazón del capitalismo está la velocidad. Sin ella, no sería nada…

    Un saludo y gracias por la atención,
    Vida Sencilla


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