La importancia del humor y de la palabra

Jueves 8/07/2010, por Elena Herrero-Beaumont

El psiquiatra Luis Rojas Marcos nos recuerda que el ser humano inevitablemente habrá de hacer frente a dos acontecimientos adversos a lo largo de su vida. Sin embargo, hay otro tipo de adversidad que no esperamos y que cada vez está más presente en nuestras agitadas vidas: la incertidumbre. Aunque la adversidad previsible es muy dolorosa, el ser humano está naturalmente preparado para lidiar con ella. ¿Pero lo está para enfrentarse el tipo de incertidumbre que fantasmea a nuestro alrededor sin materializarse?

El otro día tuve ocasión de asistir a una charla de Rojas Marcos. Supongo que a todos os sonará este reputado psiquiatra español, profesor de la Universidad de Nueva York y miembro de la Academia de Medicina de esa ciudad. Al parecer, fue un niño de temperamento inquieto, curioso, travieso, distraído y con problemas de aprendizaje. Los jesuitas de Sevilla, su ciudad natal, no le supieron encauzar y fue en un colegio laico donde realmente comenzó a brotar. Tenía un talento especial para la música y aprendió a tocar el piano y la guitarra desde muy niño. Pronto se enamoró de la batería y se convirtió en un diestro “del instrumento ideal para un niño hiperactivo”, según dicen.

Durante gran parte de su juventud compaginó su vida de estudiante con la de batería. Pero intuyo que Sevilla se le estaba quedando más que pequeña y a los 24 años, recién acabada su carrera de medicina, se mudó a Nueva York, donde germinó el profesional que conocemos hoy.

Textura con cuadros blancos y negros

Ilustración por Patrick Hoesly

Rojas Marcos comenzó su charla en inglés (titulada “Overcoming Adversity: The Power of Resilience”—o “Haciendo frente a la adversidad: el poder de la recuperación o resistencia”) con una gracia: “Un amigo sociólogo estaba investigando sobre la esperanza de vida en una zona rural. Encontró una mujer en una granja y la preguntó cuál pensaba que era la esperanza de vida en su ciudad. Después de pensarlo mucho, la mujer respondió: Una muerte por persona”.

Después de relajar los estómagos de una audiencia un tanto cansada, pasó a hablarnos de la importancia de hablar, de comunicarse, de transmitir. Al parecer, la mujer vive más que el hombre porque se comunica más. Se podría resumir en esta sabia frase que pronunció y que apunté con fruición: “Cuando traduces tus sentimientos en palabras, pierden intensidad”.

Continuó hablándonos de cómo afrontar la adversidad. Con lo aprensiva que soy me dolió mucho escuchar que el ser humano inevitablemente habrá de hacer frente a dos acontecimientos adversos a lo largo de su vida. Esa es la media. Todos sabemos (aunque no de una manera experiencial, sino mental) que en algún momento se nos morirá algún ser querido o que nosotros mismos enfermaremos.

Sin embargo, hay otro tipo de adversidad que no esperamos y que cada vez se hace más patente, más fuerte, cada vez está más presente en nuestras vidas agitadas. Es la llamada incertidumbre. Aunque la adversidad “esperada”, por llamarla de alguna manera, es tremendamente dolorosa, el ser humano está naturalmente preparado para afrontarla. ¿Pero lo está para afrontar el tipo de incertidumbre que fantasmea a nuestro alrededor sin materializarse?

Como explico Rojas Marcos, “los seres humanos necesitamos saber sobre el futuro”. Si este es incierto, nos vamos a sentir más vulnerables. La crisis actual está acentuando esta incertidumbre y la clave está en cómo podemos prepararnos para afrontarla.

En primer lugar, es preciso y necesario hacernos conscientes de nuestros “pensamientos automáticos”. La inercia nos lleva una y otra vez, cada minuto de nuestro día, a pensar automáticamente. Si prestamos atención a este proceso mental y lo analizamos y tratamos de verlo con perspectiva, probablemente se suavice lo que percibimos como negativamente incierto y pase a contemplarse con mayor ecuanimidad.

Además hay cuatro aspectos que debemos desarrollar para afrontar la adversidad:

  1. Conectar con otros seres humanos. Cuántos más amigos íntimos y familiares tengamos más fuertes nos sentiremos.
  2. Tomar control y responsabilidad de las cosas. No dejar al arbitrio del azar aquello en lo que podamos influir de una manera u otra.
  3. Quererse mucho. Hay que darse muchos besitos a uno mismo todos los días.
  4. Desarrollar el optimismo. Un optimismo con respecto al futuro, contemplándolo con esperanza; al pasado, recordando los buenos momentos, y al presente, abordándolo con la intuición correcta, la información adecuada y, sobre todo, con humor, con mucho humor.

El humor nos ayuda a ver las cosas con una cierta perspectiva y también a relacionar contradicciones.

Rojas Marcos puso este ejemplo. Una amiga suya, tras ver una sintomatología un tanto extraña en su marido, lo llevó al médico a hacerse unos análisis. Los resultados eran de lo menos esperado. El médico les dijo que no sabía bien si tenía sida o Alzheimer. La pareja regresó a casa absolutamente devastada. Ya en la cocina, la mujer llamó a un amigo común por teléfono para contarle la situación. Y este amigo le sugirió lo siguiente: “Llévatelo fuera de la ciudad y déjalo allí. Si ves que regresa a casa, no te acuestes con él”.

El auditorio estalló en una carcajada sonora. “¿Veis? Aquí estamos todos partiéndonos de risa con el drama que supone el sida o el Alzheimer”, concluyó dejándonos con hambre de más humor.


2 comentarios a “La importancia del humor y de la palabra”

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  1. - dice:

    Casi me parece haber estado allí.

  2. Natalia Martín Cantero dice:

    A mi también. Gracias, Elena, por compartir la sabiduría de Rojas Marcos con nosotros.


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