La felicidad es tan solo una fórmula matemática: R=h(u(y,z,t))+e

Jueves 1/09/2011, por Carlos Ballesteros

En estos días se está comentando en los medios de comunicación de masas el informe realizado por el Instituto Coca Cola de la Felicidad que me provoca dudas y sorpresas y que si queréis se puede consultar. Os ofrezco un resumen antes de pasar a la reflexión que me provoca todo esto.

En el informe se dice que el 69% de los españoles nos consideramos felices ya que un ser feliz es “aquel que trata de encontrar un equilibrio entre gastos y necesidades y, a diferencia del que no es feliz, no cree que el dinero sea la mejor medida del éxito “. El estudio demuestra que hay más mujeres felices (57%) que hombres (43%) y que la edad ideal para ser feliz son los 37 años. La diferencia entre quienes se declaran más felices y los menos son las relaciones personales. Así, las personas que se declaran felices tienen mejores relaciones con su familia, amigos y compañeros de trabajo. A las personas que afirman ser más felices les encanta ayudar a otras personas, mostrar su afecto, conocer gente nueva, tener invitados en casa, escuchar música y tener tiempo para disfrutar de sus hobbies e intereses. Quienes se declaran felices valoran mejor su tiempo libre y de ocio.

Entre las actividades preferidas por el grupo de los más felices destaca el ir de compras, un 36% y escuchar la radio, un 26%. El 81% de los que se declaran felices tiene pareja estable. Las personas que se declaran más felices se sienten más satisfechas con su aspecto físico, practican algún tipo de ejercicio y tienen menos enfermedades. El medio de transporte utilizado para ir al trabajo también condiciona la felicidad. De hecho, aunque el transporte privado es el medio elegido mayoritariamente para acudir al lugar de trabajo, los más felices suelen ir andando un 30% versus a un 19% de los que se declaran menos felices o usan el autobús un 22%.

Una chica contempla el atardecer en Chanteiro, A Coruña (Galicia)

Felicidad, por David Cornejo

Coca-Cola, la bebida feliz por antonomasia según dicen ellos que dicen los estudios de mercado en España (marca más asociada a la felicidad en nuestro país, según una investigación que obra en su poder), creó hace ahora un par de años, el Instituto Coca-Cola de la Felicidad con el objetivo de investigar y dar difusión a conocimientos sobre la felicidad con el fin de contribuir a mejorar la calidad de vida de los españoles. ¡Qué listos!

Claro, los momentos felices de nuestras vidas lo son más si bebemos esa bebida oscura, gaseosa, llena de azucares y que representa todos y cada uno de los valores de la sociedad de consumo. Estoy pensando en ese anuncio de hace dos o tres años en el que un señor (Josep Mascaró) centenario, se montaba en un avión para ir conocer a Ariadna, un bebe recién nacido y contarle los secretos para llevar una vida feliz. Siempre me he preguntado si en la ciudad de este señor no nacerían niños, pues tenía que volar a la otra punta del país para encontrarse con la niña…¡en fin!, que el anuncio termina disfrutando de la vida con la consabida botella/lata de color rojo. Por cierto, yo hace ya cinco años que “me quité” y no he experimentado cambios en mi grado de felicidad, para su desgracia…. si alguien quiere leer cómo me desenganche puede hacerlo en este artículo.

Volviendo a las claves para ser feliz, a pesar de la que está cayendo, todo esto me recuerda a que hace ahora unos diez años se publicó en el periódico británico The Independent la fórmula que un profesor (de economía, como no podía ser de otra manera) había encontrado para ser feliz: una ecuación que desmentía eso de que el dinero no compra la felicidad.

Según el profesor Andrew Oswald, el economista que la desarrolló, la felicidad que uno considera que disfruta (R) es equivalente a una constante matemática (h) que multiplica el nivel real de felicidad (u) por las características personales y demográficas, los ingresos económicos reales, el factor tiempo y le suma los cambios de opinión y preferencias. El hallazgo de esta fórmula permite concluir, por ejemplo y siempre según este profesor, que un matrimonio duradero aporta tanta felicidad personal como una paga extra de 80.000 €; mientras que la pérdida de un empleo cuesta, en términos de felicidad, cerca de 60.000 €. La felicidad, indicaba el estudio, cambia con la edad. Así, las mujeres británicas alcanzan su máxima tristeza a los 40, mientras los británicos se sienten realmente deprimidos a los 43.

Esto me lleva a recordar aquella tira cómica de Quino en la que le padre de Mafalda se levantaba por la mañana y tras darse un maravilloso afeitado y ducha, alimentarse con un nutritivo desayuno y encender un cigarrillo salía a la calle y, cambiando entonces la sonrisa por una cara de decepción proclamaba “y ahora es cuando uno se da cuenta de que la verdadera vida que no es como nos la cuentan en los anuncios”.

Y sin embargo, y pese a este grandísimo avance en el conocimiento de la realidad, en el mundo seguimos sin enterarnos de lo que hay que hacer para ser feliz. Quizás es que no hemos encontrado el coeficiente que deba corregir esa fórmula para conseguir que los israelíes y los palestinos compartan un trozo de planeta sin matarse los unos a los otros. Puede que el fallo esté en que no hemos sabido modificar la constante matemática que nos haga, de una vez por todas, erradicar la pobreza, la extrema miseria que sufre un tercio de la humanidad. A lo mejor es que se está estimando mal el nivel de felicidad real cuando pensamos que los inmigrantes no traen consigo sino delincuencia y marginación o que no deben quejarse si les permitimos que hagan aquellos trabajos, ínfimamente pagados y peor reconocidos, que caso de realizarlos nosotros modificarían a la baja nuestro nivel de felicidad pretendido. Se me ocurre que hemos podido equivocar el cálculo final cuando el resultado es que unos pocos son felices, muy felices, con sus fondos de pensiones en paraísos fiscales mientras otros calculamos nuestra aportación al Estado y nos pegamos con la calculadora rezando para no habernos equivocado en un par de euros y que Hacienda nos haga la paralela. Acaso, también, hayamos multiplicado en vez de sumar y por eso en Francia, en Holanda, en otras partes de Europa resurjan movimientos brazo en alto y de carácter violento e intransigente que sin embargo pretenden participar del juego democrático que ellos mismos desdeñan.

Acabo de cumplir 42 años así que según la fórmula del economista inglés, me queda apenas un año de felicidad hasta que me sienta realmente deprimido pues soy hombre -en esto las mujeres, como siempre, lo llevan peor pues se entristecen tres años antes-. Quiero vivir para la felicidad y no para la miseria ajena; quiero tender a la máxima satisfacción en mi vida y para eso necesito sonreír cada mañana, no solo en casa sino también al salir al portal, deseo derrochar y regalar optimismo y tratar de ser dichoso.

Este artículo se publicó originalmente en EQUOlumnistas el 20 de julio de 2011.


3 comentarios a “La felicidad es tan solo una fórmula matemática: R=h(u(y,z,t))+e”

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  1. JOAN dice:

    Me ha gustado mucho ,el “artículo”,,tengo 44 y supongo que “algo” me está afectando esta crisis…de todos los valores morales y éticos,,,por los que pasamos,,,de todas formas espero que seamos capaces de reflexionar y cambiar,,,,por poco que podamos cada uno de nosotros, un saludo.A seguir,,,,

  2. amparo dice:

    Yo dentro de poco cumpliré 41, y a mí la felicidad me la dan mis amigos y como bién dices intento sonreir, aunque me cuesta muchas veces cuando pienso en esos amigos que de repente ya no están y no puedo contar con ellos…un beso grande.

  3. Daniel dice:

    la felicidad es estar a gusto contigo mismo, con lo que haces y que cuando te metas en casa por la noche despues de un dia cualqiera no te arrepientas de nada de lo que hayas hecho


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