La enfermedad como viaje

Jueves 5/07/2012, por Marta Marcé

Un diagnóstico grave propulsa a Marta Marcé a un viaje lleno de descubrimientos.

Me llamo Marta, tengo 27 años y hace casi un año emprendí un viaje que cambió mi vida por completo. De puertas para fuera tenía todo lo que se podría desear: un trabajo estable, una vida social intensa y extensa, una familia unida que me quiere con locura, mi pisito en el centro de la ciudad y un novio guapo, inteligente y bien posicionado. Pero una visita rutinaria al ginecólogo reveló un tumor en mis ovarios que tenía que ser operado. No se sabía si sería benigno o maligno.

Ilustración: un viaje en el que unos ojos parecen globos, una nariz parece un pájaro...

Mi viaje era a un paradero desconocido. Podía ser una excursión al monte como un viaje transatlántico. Por eso tenía que llevar todo tipo de ropa y utensilios. Muchas cosas que hacía tiempo que no utilizaba. Tuve que hurgar en buhardillas, trasteros y altillos e incluso adquirir objetos nuevos. Si era una caminata corta, solo tendría que utilizar algunos utensilios de camping. Pero si la cosa era más larga tendría que echar mano del miedo al dolor físico, el sufrimiento de mis allegados, el impacto emocional y la posibilidad de la muerte.

Cuando empecé a caminar me dijeron que el viaje sería bastante largo, que habría algunos tramos un poco complicados y peligrosos. El tumor resultó ser maligno, así que me había tocado operación completa y quimio. Al ser algo nuevo al principio tuve mucho miedo, y eso que estaba muy acompañada. Pero sabía que nadie podía estar en todas las fases de mi aventura. Tuve que dejar de trabajar y experimenté lo que es tener tiempo libre. Me sentía un poco extraña y con muchas dudas sobre este trayecto. Pero pronto empecé a disfrutar el viaje en sí, las vistas y los nuevos parajes. Mi atención comenzó a centrarse en el momento presente. Dejé de proyectar hacia el mañana. Simplemente disfrutaba cada instante y dejaba que el futuro ocurriera y me sorprendiera.

Hubo algunos tramos muy escarpados y angostos y tuve miedo de no ser suficientemente fuerte para subirlos. En otros momentos estaba exhausta y no me vi capaz de seguir. Empecé a pensar que si conseguía un cuerpo más fuerte no estaría tan cansada. Fui incluyendo en mi rutina una alimentación sana (vegetariana, libre de azúcares y con alimentos integrales) deporte, medicina natural y mi amado yoga. También aprendí que no solo mi cuerpo físico necesitaba cuidado y mimo, sino también mis emociones. Me introduje en la meditación. Así cada día tenía contacto con mi interior.

Poco a poco la enorme maleta que llevaba para el trayecto se redujo notablemente. Me fui desprendiendo de muchas cosas materiales que ya no necesitaba, porque me di cuenta de que lo que realmente me hacía feliz no era nunca nada material. También acarreaba a mis espaldas desde hacía tiempo muchos recuerdos, enfados, traumas del pasado. Vi que era una tontería conservarlos a mi lado pero para dejarlos ir tuve que perdonar y pedir perdón. ¡Con un cuerpo más fuerte y un equipaje más ligero me era mucho más fácil el trayecto!

Así pasito a pasito un día llegué a la cumbre. Durante el viaje me había sido muy fácil poner en práctica todos estos cambios, pero ¿qué pasaría ahora al volver a la vida real? Después de todo el crecimiento de esta gran aventura tenía que volver a la rutina como si nada hubiese pasado. Lo intenté pero me di cuenta que “volver” no sería posible, porque yo era una persona diferente y lo que necesitaba era empezar de nuevo poniendo en práctica las enseñanzas de mi viaje.

A la vez sentía un apego muy fuerte a ese viaje, porque por muy duro y extenuante, había sido tan intenso que no me quería despedir tan rápido de él. Me veía hablando a todas horas de él, recordándolo una y otra vez. Pero tenía que entender que ya estaba participando en otro viaje tanto o más intenso. La diferencia es que ahora soy yo quien marca el recorrido y que la meta ya no es algo individual sino un camino hacia un mundo mejor.

Puedes seguir las reflexiones de Marta en martaatravesdelespejo.tumblr.com

Ilustración: Viaje Amarillo, por Felipe Acevedo Orozco


7 comentarios a “La enfermedad como viaje”

Subir
  1. Gastón dice:

    Me encanto el articulo!
    El poder aprender tanto ante una situación asi, es algo muy valorable.

    Gracias Marta! :)

  2. Yolanda dice:

    Hermoso relato de un duro viaje que te ha convertido en un ejemplo y sobretodo, te ha acercado a ti misma y al mundo. Síguelo mirando cada día, con ojos aún más y más transparentes. Que la belleza y la verdad, están detrás de cada esquina.
    besitos veraniegos!

  3. maria ester dice:

    maravillosa reflexion

  4. silvia dice:

    Eres una gran mujer pues has sabido sacarle jugo sano y rico a toda esta dura experiencia…..precioso simplemente

  5. Elena dice:

    Gracias por compartir tu gran experiencia.

  6. Georgina dice:

    Lindisimo articulo Marta :) gracias por compartir tu experiencia

  7. guffysea dice:

    los problemas de cada uno dejan de tener importancia delante de una experiencia como la tuya.


Hacer un comentario

Subir

Si entras con tu cuenta es aún más fácil: | Iniciar sesión


+ 7

Si conectas, colabora

Síguenos en Facebook RSS

Contamos contigo

Necesitamos el apoyo de nuestros lectores. Puedes colaborar económicamente o enviando contenidos (textos o material gráfico) acordes con la línea editorial de Vida Sencilla. Las sugerencias siempre serán bienvenidas.