La crisis y nosotros

Jueves 27/09/2012, por Patricio de Blas (32 artículos)

La paciencia de la gente y el pacto social tan trabajosamente conseguido podrían venirse abajo estrepitosamente. En Europa ya ha ocurrido más veces.

De cuanto se ve, se oye y se lee en los medios sobre la crisis, y sobre la gestión que de ella hacen las autoridades, lo que preocupa sobre todo al profesor de historia jubilado que suscribe es el malestar creciente de las personas y sus reacciones, como colectivo, ante el mismo.

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Las hay, desde luego, llamativas. La más costosa, sin duda, la de quienes deciden poner tierra de por medio. No me refiero al aumento de las tasas de suicidio visibles en Grecia, pero también en Italia y en España. La desesperación y el drama de estas personas merecen respeto y silencio.

Resulta más lógica la de tantos españoles (más de 40.000 en el primer semestre del año), muchos jóvenes y bien preparados, que buscan un futuro lejos de nuestro país, como Sandra, Juan o Iñaki (añada usted los nombres de sus parientes y amigos). Lamentablemente, durante mucho tiempo, serán otros quienes se beneficien de su talento, de su compañía y de su afecto.

Y está, también, la reacción de nuestros compatriotas, los catalanes. Nos explicaba su Presidente, después de la gran manifestación independentista de la Diada, que sienten, como los alemanes o los holandeses respecto de los países del sur de Europa, “fatiga” de España y aspiran a ser un estado independiente en Europa.

A los ciudadanos del común, nos queda la protesta ante las autoridades (de la Comunidad autónoma, del Gobierno y de Europa) por la falta de un proyecto de futuro y por los sacrificios y renuncias que nos proponen como único horizonte. Porque sabemos que existen otras formas de abordar la crisis.

En una situación parecida –la “Gran depresión” de los años 30-, en su discurso de aceptación de la candidatura demócrata a la presidencia de los EEUU, en julio de 1932, F. D. Roosevelt advertía:

El gran fenómeno social de esta depresión (…) es que ha producido pocas manifestaciones de desorden (…) El radicalismo salvaje ha hecho pocos adeptos, y el gran mérito de mis conciudadanos es que en estos días de agotadora necesidad se mantenga un espíritu de orden y esperanza por parte de millones de personas que han sufrido tanto. Fracasar en ofrecerles una nueva oportunidad no será únicamente traicionar sus esperanzas sino interpretar erróneamente su paciencia.

Harían bien nuestras autoridades (autonómicas, nacionales y europeas) en tener presentes las advertencias de Roosevelt y las lecciones de la Depresión de 1930. Especialmente la última advertencia que he subrayado. La paciencia de las gentes y el “pacto social” tan trabajosamente conseguido podrían venirse abajo estrepitosamente. En Europa ya ha ocurrido más veces. (Continuará)


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Patricio de Blas
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