La ciencia del yoga

Jueves 24/02/2011, por Natalia Martín Cantero (54 artículos)

El yoga es al espectáculo lo que un abeto al fondo del mar, o eso creía yo. Como tantos y tantos asuntos en estos tiempos convulsos en que vivimos, esta disciplina se resiste a una clasificación fácil, invadida como está por un comercialismo despiadado, gurús de medio pelo y un totum revolutum de estilos y modas que despista a cualquiera.

Ya pueden decir que caen ranas del cielo, como en Magnolia. En casa de mi familia política, lo que sale en la tele va a misa. Algo parecido ocurre con la ciencia.

Silueta de una chica haciendo yoga en la playa al atardecer

Atardecer de yoga, por Andrew Kalat

Después de años proclamando a los cuatro vientos sus ventajas, de practicarlo y enseñarlo, el otro día un amigo cercano va y me dice: “¿Has visto este artículo sobre los beneficios del yoga? ¡Es muy bueno para el dolor de espalda!”

Suspiro. A falta de tele, buena es la ciencia.

Hace unas semanas, por cierto, se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el Campeonato Europeo de Yoga. El yoga es al espectáculo lo que un abeto al fondo del mar, o eso creía yo. Como tantos y tantos asuntos en estos tiempos convulsos en que vivimos, esta disciplina se resiste a una clasificación fácil.

Tomemos, por ejemplo, el Doga, o yoga para perros; los retiros de yoga y vino; el aeroyoga, o yoga en un columpio. A esto se suman las numerosas denominaciones de origen (la mayoría made in USA) como Anusara, Kripalu, Acroyoga o Yin, basadas a su vez en las escuelas más tradicionales. Un totum revolutum que despista a cualquiera.

Tal frenesí ha dado lugar al Take yoga back, un movimiento para recuperar sus raíces en el hinduismo y concienciar al personal de que el Hatha yoga (el yoga físico de las posturas) es sólo una de las ocho vías del raja yoga, una disciplina que abarca todos los aspectos de la vida. “Centrarse exclusivamente en el yoga físico sin la espiritualidad es rudimentario y deficiente”, dice Aseem Shukla, uno de los impulsores de una campaña que ha desatado una fuerte discusión que se mantiene viva en influyentes medios de EEUU.

Lo más conveniente, me parece, es olvidarse de todo este tinglado: “Cuando el dedo está apuntando a la Luna, no mires al dedo”, dice el dicho Zen. Cortémoslo. Más allá del comercialismo brutal que lo acosa, del ejército de gurús de medio pelo, de las Jane Fonda de turno, el yoga funciona. Lo dice la ciencia.


2 comentarios a “La ciencia del yoga”

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  1. quique dice:

    ¿Yoga físico? Disculpe, pero se les da una pobre concepción, a las personas que no son conocedoras de este tema, sobre lo que el Hatha Yoga es cuando se le etiqueta como yoga físico …por favor…una cosa es la gimnasia y otra la práctica yógica de asanas, en la cual el cuerpo es el vehículo utilizado para alcanzar la liberación o la contemplación del Sí Mismo o el Samadhi o como se quiera denominar la meta última yóguica. Entonces no existe yoga físico, es yoga o no. Cuando a la práctica asanas se la despoja de este enfoque y se realiza con la finalidad de mejorar la salud o el bienestar, cosa totalmente legítima, no es yoga a esto se le denomina boga. Pero amigo por algo se empieza y como dice el maestro de yoga BKS Iyengar es muy dificil llegar de lo malo a lo mejor sin pasar por lo bueno.

  2. Natalia Martín Cantero dice:

    Hola Quique: de eso se trata. De aclarar que el yoga va más allá de unos meros ejercicios de gimnástica. Y no sólo eso. Que va más allá de ese comercialismo burdo, de esos gurús de tres al cuarto… Como dices, no obstante, cualquier vía de entrada es buena.

    Gracias por tu interés en Vida Sencilla. Un saludo,
    Natalia


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