Grandes experimentos nunca hechos

Jueves 14/04/2011, por Natalia Martín Cantero (54 artículos)

¿Qué ocurriría si a los pacientes con psicosis se les tratase con la máxima bondad y la mínima medicación? ¿Y si los detectives privados se dedicasen a investigar las paranoias? ¿Por qué el aprendizaje es lento? ¿Podemos saber con precisión lo que ocurre en el desarrollo de un niño cuando cambia de progenitores pero no de casa, colegio, barrio, grupos culturales o, en suma, entorno?

En un ambiente extremo, como la vida en prisión, ¿somos libres o está determinada nuestra conducta?

¿Qué ocurre cuando morimos?

Humo azul que parece una imagen del Test de Rorschach

Test de Rorschach 1, por Pablo Fernández

Ya que hablábamos de psicología, estas son algunas de las sesudas cuestiones expuestas por el grupo de expertos que respondieron a la pregunta que en su momento les planteó la Sociedad Británica de Psicología en su blog: ¿cuál es el experimento psicológico más importante y nunca hecho?

Entre las 13 propuestas está la de Martin Seligman, uno de los padres de la psicología positiva. Seligman propone que la psicología, que durante los últimos cien años se ha centrado en lo problemático, las patologías, dé un golpe de timón para fijarse en las fortalezas, virtudes, emociones positivas, gratitud, esperanza, etc., de las personas. El experimento que propone es tratar a un grupo numeroso de pacientes con depresión, dividirlos en dos grupos y asignarlos bien a terapeutas especializados en psicología positiva o bien psicoterapia más tradicional, y ver qué ocurre.

Me llama igualmente la atención la propuesta del psicólogo social Alex Haslam: echar por tierra definitivamente el famoso –e infame– experimento de la Prisión de Stanford sobre la influencia de un ambiente extremo –en aquel caso, la vida en una cárcel–, en la conducta de las personas. Esto supondría, indica Haslam, emprender un estudio que desafíe la idea de que la tiranía es la consecuencia inevitable de asignar a la gente un rol de poderoso (carcelero, en el experimento) o indefenso (prisionero).

De todas las propuestas, he aquí la cuestión más llamativa y difícil de resolver: “La mayoría de los científicos piensa que la muerte supone el final de nuestra conciencia personal, mientras que los creyentes piensan que el alma o el espíritu sobrevive”, señala Susan Blackmore. Y se pregunta: “¿cómo encontrar la verdad?”.

Ahí es nada. Un artículo tan ligero como la pata de un elefante.


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