Gente permanentemente cabreada

Miércoles 26/05/2010, por Patricio de Blas (32 artículos)

Escribía mi amigo Julián Moreiro: “hay pocos vicios tan dañinos para la salud pública como el muy acreditado entre nuestros contemporáneos de reclamarse víctima de todo y responsable de nada”.

Se refería a los cabreados profesionales. Tipos que encontramos a diario en la radio y en la tele, en el trabajo y en la comunidad de vecinos, en los púlpitos y en el taxi, a veces hasta en casa.

De ellos se ocupa hoy el rincón del jubilado. Entiéndanme. No tratamos de ciudadanos justamente preocupados por los efectos de la crisis, o saludablemente indignados por las corruptelas de los políticos, o por las reacciones de los obispos ante los casos de pederastia que afectan a los suyos. Hablamos de personas aquejadas por una dolencia peculiar, de individuos en los que “una descompensación de los humores, dominada por la bilis, se convierte en una forma de vida”.

The Angry Pumpkin (La calabaza enfadada)

"La calabaza enfadada", por mtungate

Es gente a la que todo le parece mal. Claman sin cesar que nunca las cosas estuvieron peor. Y todo por los políticos, incompetentes y corruptos, sin excepción; o por la juventud, que ha perdido los valores y las formas; o, en fin, por la suerte de país en que les ha tocado vivir.

Como el tabaco, este espécimen perjudica gravemente su salud, y la de los que les rodean: “Desencuadernan las conversaciones templadas, complican la digestión, enmarañan el tráfico y acogotan el sentido común”.

Aléjese usted de este tipo de celtíbero. No les pregunte dónde tienen la memoria, ni se atreva a razonarles con aquella sugerencia de Lucrecio sobre el particular: “inferimos vanamente la declinación y decrepitud del mundo por los argumentos que extraemos de nuestra debilidad y decadencia”. Mejor, siga el consejo de Séneca (que también despotricaba lo suyo) a la hora de elegir sus amistades: “en este tiempo, en que hay tanta falta de buenos, hágase elección menos fastidiosa y en primer lugar no se elijan hombres tristes, que todo lo lloran sin que haya cosa alguna que no les sirva de motivo para quejas […] es contrario a la tranquilidad el compañero que anda siempre inquieto y el que se lamenta de todo”.

Las citas, excepto las expresamente atribuidas a Lucrecia y Séneca, pertenecen a la lección de Julián Moreiro “El cofrade que estaba harto de cabreados” en la tertulia “El Mercurio Ministerial”.

5 comentarios a “Gente permanentemente cabreada”

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  1. Amaiur dice:

    ¡Vaya! Reclamarse víctima de todo y responsable de nada. ¡Como Zapatero!

  2. Patricia dice:

    Cada vez se hace más difícil alejarse de ese tipo de ser, sobre todo el de la modalidad “a todo tengo derecho aunque yo no haya hecho (ni esté haciendo ) nada para merecerlo”.
    Cuando en el mundo hay tantas cosas importantes que abordar, vemos cada vez a más gente que se enrosca en su queja estéril y lo único que hace es desmoralizar a los que tienen ganas de mirar el mundo de otra manera y ponerse manos a la obra para cooperar, cambiar, alegrar y ayudar al prójimo.
    Sí , es un gran consejo, cuando veas a uno de esos, ¡por patas!
    P.

  3. Carlos dice:

    Un truco: si no te da tiempo a salir por patas, cuando te gruñan, pasa de ellos. Se cabrean más todavía. En algunos casos, puede llegar a ser incluso divertido. Ahora… Pobrecillos, qué desgraciados son.

  4. Angel dice:

    Todos a la calle ya, que hay que defender España del enemigo que nos pone multas por recaudar, nos quita la seguridad social para enfermedades de la boca para dáeselas a los gays que puedan cambiarse de sexo. Los abuelos si no tienen dientes que se jodan. Pensamiento de ZP

  5. Natalia Martín Cantero dice:

    Estimado Ángel,

    Me choca el tono de demagogia que utilizas para comentar un artículo inteligente que, francamente, se merece una respueta mucho más elaborada. Gracias, de cualquier modo, por pasarte por aquí.

    Natalia


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Patricio de Blas
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