Garbanzo, castaña, bellota

Jueves 12/01/2012, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

Vida sencilla es también decir garbanzo, castaña, bellota. El ser humano ha creado estas palabras, que invito a que sean leídas con parsimonia, como se haría con una oración. Esos pequeños objetos nos han rendido tantos servicios como para que ahora nosotros deletreemos sus nombres con algo parecido a la reverencia.

Pues “el ser humano” no somos nosotros, tú que los lees y yo que los escribo; sólo somos los herederos y beneficiarios de todo lo que contienen en el breve espacio que ocupan.

El color de una bellota puede tomarse como arquetipo del verde con que abundantemente nos obsequia el campo donde ella se desarrolla. Su caperuza es un modelo de diseño para cualquier artista gráfico.

Garbanzos, castañas y bellotas

¿Has cogido, acariciado y apretado en tu mano alguna vez una castaña? Valen también, para esto, las agradecidas castañas de indias, tóxicas pero igual de agradables al tacto.

Los garbanzos no son tan hermosos a la vista ni tienen la suavidad de sus compadres, bellota y castaña, pero observa la imagen: ¿no dan ganas de saltar en alegre risa al contemplarlos?

Estos tres vocablos son en sí mismos redondos (como los objetos que nombran), contundentes, claros; merecen llamarse hermosos.

Pero es que, además, está lo que encierran en su sentido, en su historia. En lo que de tradición tienen para muchos de nosotros.

Vamos por la calle y nos llega cierto olor inconfundible que casi tiene consistencia de alimento: la castañera (“el castañero” no suena igual) anda cerca, presta a calentarnos las manos y, quizá, el espíritu con su docena de castañitas asadas. ¿Quién que lo haya probado, no recuerda también, asociado el frío del invierno, el sabor de las castañas cocidas?
Los garbanzos, en el castizo cocido, se servían como plato de mucho alimento y poco coste en otros tiempos menos prósperos (aunque en el momento actual usar este concepto parezca al menos atrevido). Ahora han pasado a ser plato prestigiado y solicitado en mesas de todas las categorías sociales. El escritor Armas Marcelo, por ejemplo, se refería recientemente a la fundación de la llamada Logia del Garbanzo de Plata y de cómo discutían diversos personajes del mundo de las letras y del arte ante un “gran e interminable cocido”.

Las bellotas no son un producto muy publicitado actualmente. Quizá su conocimiento público lo deban, principalmente, a estar asociadas al jamón de calidad. Aunque son -como las castañas y garbanzos- esencialmente un modelo de llaneza, de alimento humilde. De ello presume Sancho cuando en El Quijote le dice al ventero (al que está solicitando de comer): “… pero el oficio que él [D. Quijote] trae no permite despensas ni botillerías: ahí nos tendemos en mitad de un prado y nos hartamos de bellotas…”, evidentemente por la penuria de alimentación a que es sometido Sancho por su respetado y querido don Alonso Quijano.

El término “bellota” aparece citado 15 veces en distintos contextos en El Quijote. El garbanzo, sin embargo, sólo aparece tres, y las castañas, ninguna. A falta de otra explicación -en lo que concierne al garbanzo-, pienso que la ruta aventurera de la célebre pareja transcurría más por parajes que no se prestaban a los guisos de puchero (y la gente de título que les acogía, no descenderían a tales platos). En cuanto a las castañas, quizá en su ruta el castaño no aparece, no se prodiga o, simplemente, no era la época de dar este fruto, noviembre.

Termino, como ya he hecho alguna vez, con un sencillo, y espero que sano, ejercicio, ahora que cada vez se habla más de la importancia de la respiración, concentración y meditación. Se trata de tomar aire y, soltándolo poco a poco, deletrear despacio:

gar-ban-zo-cas-ta-ña-be-llo-ta

El ritmo lo marcará uno mismo, y se puede cambiar el orden de los nombres de estos objetos a los que, muy gustosamente, he dedicado un rato. Esto se puede hacer delante de un espejo o paseando, al tiempo que uno pierde su vista por el horizonte. Puede recitarse una y otra vez hasta perder la conciencia de lo que se está diciendo. Por supuesto, la ejecución puede ser sólo mental, sobre todo si uno va por una calle transitada.

Garbanzo, castaña, bellota…


Un comentario a “Garbanzo, castaña, bellota”

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  1. Ursula dice:

    Bonito texto : ) Personalmente podría decir que venero los garbanzos : ) ¡Me encantan! : ) Y ciertamente ese olor a castañas asadas en invierno me hace aspirar hondo, como si me las comiera al respirar : )


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Alejandro M. Masedo
Alejandro M. Masedo
Profesor jubilado

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