Fea belleza

Viernes 18/10/2013, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

¿Es posible la coexistencia entre lo feo y lo bello? Un artículo lleno de acertijos.

Hace ya algunos años leí una novela de esas que se llaman “históricas”, ahora tan de moda. Aunque la calidad media de las actuales, que llenan los escaparates, probablemente queda muy lejos de aquella que recuerdo. ¿Quién no conoce Ivanhoe, El pirata o Quentín Durward? Sí, estoy hablando de Walter Scott, de quien se dice introductor de ese género del que quizá se esté abusando, el que consiste en mezclar parte de historia con la intriga correspondiente y considerable número de páginas, avaladoras si no de su calidad, sí de su precio. El título de ese libro es Eterna mortalidad. Y lo recuerdo, aparte de porque me gustó mucho y lo pasé muy bien, porque quizá aprendí gracias a esos dos términos un nuevo vocablo que ya no olvidé: oxímoron. Desde entonces es atractivo para mí encontrar expresiones, imágenes, incluso situaciones, de las que pueda decir: aquí hay un oxímoron.

Ilustración antigua: unos monstruos persiguen a una dama

De hecho han acudido a mi memoria otros dos ejemplos de libros que me impresionaron por distintas razones que el de Scott, y los dos con las mismas palabras en su título: Esa visible oscuridad, escrito por William Styron, y La oscuridad visible, de William Golding. El parecido de los títulos es una casualidad, aunque las dos obras sean bastante tenebrosas, pero la antinomia entre “visible” y “oscuro” no impide comprender el significado: basta con echar un vistazo a sus reseñas (sobre todo el de Styron) para entender el nuevo sentido que toman las dos palabras unidas.

¿Es posible la coexistencia entre lo feo y lo bello? Parece que sí; al menos ese estatus le damos en multitud de expresiones referidas a todo tipo de entes. Si bien en ocasiones la fealdad se produce como un derivado de otro concepto. Decimos “horror”, derivamos a “horroroso” y desembocamos en “horrible”¨, que es más que feo. Goya no se cansó de crear hermosas y a la vez feas (o viceversa) obras de arte, como se ve en la imagen. Podemos decir de algo espectacular, como el hongo de una explosión atómica, que es de una belleza horrible.

Escribir de oxímoron y no mencionar los pleonasmos, en algún sentido opuesto a aquellos, sería un fallo por mi parte. “Quiero subir arriba” es pleonasmo típico. Otro, “Salir afuera”. Y otro pleonasmo, además de expresión muy fea, es “Se acaba de acabar”. Pero traigo aquí un ejemplo que es mi preferido. Se refiere a nuestro presidente de Gobierno. En una conferencia de prensa alguien le hace una pregunta acerca de si algo va a ocurrir. Respuesta: “Lo más seguro es que ya veremos”. Pleonasmo* y vacío, todo junto.

Y termino volviendo al oxímoron, con un último ejemplo relativo a la casa que acoge este rincón. ¿Hay algo más complicado que la vida? Pues este hogar al que ustedes visitan se llama Vida sencilla. No me digan que no es buen título y, por ello, estupendo oxímoron.

*Aunque quizá se pueda también interpretar como oxímoron; me reservo la explicación. Pista: si así fuera, habría una mezcla explosiva de determinismo y azar.


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Alejandro M. Masedo
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Profesor jubilado

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