Equiparse contra el estrés

Jueves 11/04/2013, por Natalia Martín Cantero (54 artículos)

Una mente calmada y estable reacciona de forma muy diferente a otra agitada. Y es esta respuesta –nuestra reacción ante lo que sucede y no el acontecimiento en sí– lo que determina la cantidad de estrés que vamos a experimentar. La respiración, la risa y la conciencia del momento son tres herramientas valiosas para transformar esta respuesta.

Una encuesta de febrero de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) indica que el 29 por ciento de españoles ha tomado medicamentos para tratar la ansiedad en el último año, y que cuatro de cada diez ha recurrido en alguna ocasión a estos fármacos, un porcentaje que se eleva al 50 por ciento en el caso de las mujeres.

Ilustración: un tomate estresado

Motivos para estar estresados, desde luego, no faltan: los telediarios nos anuncian cada día un buen puñado de ellos. La tentación de contemplar el estrés como algo externo, sobre lo que no tenemos control, es grande. Pero la clave para nuestro bienestar no se encuentra tanto en esquivar esos eventos externos –muchos de los cuales son, en cualquier caso, inevitables– sino en cómo reaccionamos ante ellos. Una mente calmada y estable reacciona de forma muy diferente a otra agitada. Y es esta respuesta –nuestra reacción ante lo que sucede y no el acontecimiento en sí– lo que determina la cantidad de estrés que vamos a experimentar. ¿Cómo transformar esta respuesta?

Hombros lejos de las orejas. “Para gestionar el estrés, podemos usar las herramientas con que venimos equipados de serie: cuerpo, respiración y mente”, señala Maite Crespo, creadora de Todoyoga, un método para la gestión del estrés laboral. “Primero hay que actuar sobre lo más obvio: los músculos del cuello y los hombros están tensos, la mandíbula apretada, el entrecejo fruncido…No conozco a nadie relajado con estas características de estrés tan fáciles de detectar”.

Crespo recuerda que estamos programados para salir corriendo ante el peligro. Es una respuesta física, no un mal psicológico o debilidad mental de nuestros días. Como respuesta física, podemos sentir muchos de los síntomas del estrés: tensión muscular para correr, respiración agitada para aportar más oxígeno, por ejemplo. Esta respuesta se produce cuando cerebro detecta una amenaza para la integridad física o para la personalidad. “Si antes nos encontrábamos con un mamut de vez en cuando”, señala Crespo, “ahora nos encontramos con la llamada del cliente, atascos de tráfico, deudas, presión…todo el día, todo el tiempo. ¡Para salir corriendo, vaya!”.

Ilustración: un brócoli estresado

Para fabricar lo que describe como una “pausa de serenidad”, Crespo insiste en la instrucción “Hombros Lejos de las Orejas”: “Todos notamos alivio al realizar este simple movimiento porque se desactiva la tensión muscular creada para “salir corriendo”. “La espalda se endereza, la postura mejora y el pecho se abre, de manera que ya podemos usar la respiración y el cerebro entiende que puede dejar de generar hormonas e intoxicar nuestro organismo con estrés”. La segunda acción para relajar la musculatura es un pequeño repaso mental al cuerpo. Relajo la cara, primero: la mandíbula, el espacio entre las cejas. Luego las piernas, los brazos, la espalda… “Podemos realizar este escaneo en cualquier momento y en cualquier lugar”, recuerda Crespo.

“No se tome la vida tan en serio, no saldrá vivo de ella”. La herramienta favorita del psicólogo Iago Taibo es la risa genuina. He aquí algunos beneficios: baja la tensión arterial y la tasa cardíaca; nos oxigenamos mejor; tiene un efecto analgésico y activador del placer simultáneamente (producto de la acción de las endorfinas). “Normalmente después de la risa tendemos a experimentar pensamientos y emociones positivas”, señala. La risa produce una sensación de relajación y calma que es, a la vez, activa, indica Taibo. La sensación es diferente a la que se obtiene con, por ejemplo, una sensación de relajación, tras la cual se puede aprovechar para dormir: la risa genera un estado relajado pero a la vez activo.

“Muchas personas también buscan el potencial del humor para desarrollar la creatividad (y, quizás, usarlo en la resolución de ese asunto que les estresa), ya que lo cómico está basado en el pensamiento divergente, en aquello que se sale de lo común. Sería difícil pensar en reírse de algo que ocurre todos los días igual, sin variación”, apunta.

Taibo cree que introducir el humor en un proceso de terapia resulta muy beneficioso, ya que ayuda a desprenderse de ese clima de “gravedad” que muchas veces se asocia al hecho de acudir a un psicólogo. Es, por otra parte, un recurso inagotable. Como señala el célebre dicho,  afortunado quien se ríe de sí mismo, ya que nunca le faltará motivo de diversión.

Ilustración: un berenjena estresada

Atención al momento presente. ‘Mindfulness’ o conciencia plena, la capacidad de prestar atención al momento presente de forma deliberada y sin juzgar, cada vez goza de más difusión y prestigio en España gracias a las evidencias científicas que muestran sus beneficios en el campo de la terapia y del crecimiento personal. El célebre programa de reducción de estrés basado en mindfulness (MBSR, por sus siglas en inglés) nació en la Universidad de Massachusetts hace 30 años y desde entonces se ha exportado a medio mundo.

En esencia, se trata de vivir de forma más consciente. “Esta actitud facilita una mejor conexión con la realidad, y pone en marcha diversos procesos de regulación y adaptación naturales”, señala Andrés Martín, doctor en psicología y autor del libro recién publicado “Aprender a cambiar con mindfulness”. Martín indica que la experiencia de muchos investigadores con el programa mencionado nos permite saber cómo actúa el mindfulness para reducir el estrés.

“En primer lugar,está el componente de malestar psicológico, la tensión emocional –y en ocasiones también física–, que se ve reducida con este entrenamiento. Calma la mente y baja el nivel de cortisol, la hormona del estrés”. En segundo lugar, una mayor auto-conciencia permite a las personas observar sus causas del estrés y tomar conciencia de sus recursos internos para poder afrontarlo de forma eficaz, desde la responsabilidad personal. “De esta forma, van poniendo en práctica estrategias adaptativas para reducir el estrés, cuidando la salud y marcando prioridades en la vida”, añade Martín.

Finalmente, a medida que se van liberando del estrés, surge una mayor capacidad de disfrutar, de ser más creativos y coherentes, viviendo una vida con más autenticidad y sentido. “Hemos observado que estos beneficios perduran en el tiempo, en la medida que la persona integra la práctica, aprendiendo a vivir de otra forma”.

Es aquí donde las palabras de la escritora y practicante Zen Natalie Goldberg cobran sentido: “El estrés es básicamente una desconexión con la tierra, un olvidarse de la respiración. Estrés es un estado de ignorancia. Se cree que todo es una emergencia. Pero nada es tan importante”.

Este artículo se publicó originalmente en El País el 25 de marzo de 2013.

Ilustraciones: Vegetales estresados, por Boriana.


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