Empieza Noviembre

Jueves 7/11/2013, por Alejandro M. Masedo (27 artículos)

“Todo va tan deprisa que en realidad le cuesta a uno vivir en otro sitio que no sea el pasado”, escribe Andrés Trapiello. Y en eso estoy, pensando en lo que escribí antes aquí para ver qué puedo comentar ahora.

Dudo si merecen la pena las líneas mías que han ido apareciendo y las que quiero que lo sigan haciendo. ¿Será esto literatura? Porque, más adelante, encuentro, a propósito de los milagros, su afirmación de que la literatura es “convertir el agua en vino”. Si yo convirtiera el agua en vino, aunque fuera uno humilde de seis meses de crianza, eso justificaría el estar aquí escribiendo.

El Mar (estanque en los Jardines de Palacio de La Granja, Segovia) en otoño

Empieza noviembre, y el mal tiempo. Quizá los meses contagian sus humores a los humanos. Este, el penúltimo del año, inocula, a los no vacunados (¿cómo se llama ese antídoto, dónde lo venden?) dosis peligrosas de melancolía, quizá porque recién se acaba de recoger la cosecha de vino y circula sin precauciones. Me encuentro con esta otra perla del autor leonés: “Para mí la melancolía es un estado de la alegría”. Y a mi estado de vaga tristeza añade un sentimiento de frustración: no sé qué quiere decir. ¿Va en serio? Si es así, como parece, ¿cómo es que ignoro tan importante saber?
Afortunadamente, a pesar de mi postración e insidiosa sospecha de ignorancia, me funciona una especie de memoria intuitiva. Uso la formidable herramienta de “búsqueda”.

Efectivamente, entre esos escritos que no sé si sirven para algo, hay uno, Alma y lluvia, donde hablo de “dulce melancolía”. No es tan fuerte como lo de Trapiello, pero algo es algo. Encuentro un pequeño alivio a mis pesares: por los comentarios deduzco que hay alguien que me ha leído. Y, sorpresa, alguien aclara antes de que lo hiciera Trapiello que melancolía y alegría no son antónimos. Sigo leyendo, tal que si fuera hierba medicinal de los efectos otoñales, el libro. Traería aquí más observaciones, pensamientos, líneas simplemente bellas, pero el libro tiene 400 páginas y está repleto de tales frutos.

¡Ah! Andrés Trapiello es uno de esos escritores (poeta, novelista, ensayista, diarista,…) que no dura mucho en los escaparates, pero que a mí me parece altamente recomendable. Esta lectura que me acompaña corresponde al tomo 18 (sí, dieciocho) de sus Diarios, a los que gusta de titular Salón de pasos perdidos: una novela en marcha.

Yo he tenido la santa paciencia, el placer y -por qué no- la suerte de leerlos todos salvo, claro, este último que saboreo poco a poco, al ritmo lento que marca la estación.


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Alejandro M. Masedo
Alejandro M. Masedo
Profesor jubilado

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