El ritual de la comida

Miércoles 30/06/2010, por Elena Herrero-Beaumont

Aún recuerdo la reflexión que le hice a mi ex a los pocos meses de habernos instalado en Chicago. “No dejemos de comer en casa juntos, como lo haríamos en España”, le dije saboreando el puré de calabacín que había preparado aquel día laboral.

Nos habíamos mudado a uno de los campus universitarios más bonitos de Estados Unidos, el de la Universidad Northwestern, situado a unos 30 kilómetros de Chicago. Mi ex acababa de comenzar su segundo año de MBA y yo iniciaba un periodo de investigación académica en el departamento de Ciencias Políticas. Todo nos resultaba nuevo, era como vivir un sueño y al mismo tiempo un constante reto.

Cerezas

Cerezas, por Dyanna

Pero a pesar de la gran cantidad de estímulos nuevos, para mí era prioritario no abandonar los hábitos saludables que había mamado desde pequeña en Madrid, y cultivado especialmente en los años anteriores a nuestra aventura norteamericana. Mis tres horas de yoga a la semana, mis parones para comer comida casera, mi meditación diaria.

En cuestión de unos meses, sin embargo, la avalancha americana se llevó por delante esos hábitos de vida sencilla para imponernos a toda costa la incesante producción que no ha dejado de acecharme hasta hoy.

Las reuniones de grupo, las charlas, las actividades, la documentación eterna, la escritura de ensayos y más ensayos pasaron a convertirse en los ejes de nuestras vidas. Dejamos de comprar comida fresca en el supermercado y de cocinar platos sanos, y pasamos a comer delante del ordenador con el sentimiento de culpa permanentemente sacando el látigo para que nos leyéramos un artículo más, para que escribiéramos una línea más.

Aún lo hago hoy en mi trabajo actual. Supongo que como herencia de mis cinco años en Estados Unidos. Por eso me ha llamado la atención una iniciativa que acaba de poner en marcha precisamente una organización norteamericana, llamada The Energy Project. Se llama Take back your lunch and transform your day, o recupera tu comida y transforma tu día.

Resulta que, según datos recientes de esta organización, el 60 por ciento de los 1.200 profesionales encuestados respondieron que comen en menos de 20 minutos y un 20 por ciento en menos de 10. Una cuarta parte reconoció que no abandona nunca su mesa y que come frente al ordenador. 

En vista del panorama, y perteneciendo a una organización dedicada a promover la energía personal en individuos y organizaciones, este grupo acaba de lanzar una iniciativa para este verano que consiste en organizar cada miércoles una comida colectiva nacional en parques de todo el país, empezando por el Madison Square Park de Manhattan (Nueva York).

Join the movement—together, let’s change the way America works. Take Back Your Lunch, (únete al movimiento—cambiemos todos juntos la manera de trabajar en América. Recupera tu comida) animan desde su página web a todos los trabajadores.

En España esto nos puede llegar a parecer hasta ridículo, pero he notado que somos cada vez más los que comemos delante del ordenador. A veces hasta con orgullo, seguimos los dictados norteamericanos para llegar a una producción desaforada que ellos mismos están viendo inhumana hasta el punto de lograr destruir su salud física y mental.

Quizás en España haya gente que extienda demasiado ese ratito tan agradable de la comida, lo cual también es criticable, pero no deberíamos sacrificar de raíz una sabia cultura mediterránea que nos inculcaron nuestros padres y nuestros abuelos. Quién sabe, quizás gracias a organizaciones como The Energy Project terminen instaurando los norteamericanos nuestra famosa y codiciada siesta.


9 comentarios a “El ritual de la comida”

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  1. Nacho dice:

    Qué razón tienes. Aunque yo sigo quedándome con la jornada intensiva. 7 horas seguidas, y a comer todo lo despacio que quieras. Se trabaja menos, se rinde más, se vive mejor.

  2. Azul dice:

    Yo pienso como Nacho. Trabajemos menos, produzcamos más y dediquemos el tiempo necesario a las cosas necesarias, como comer.

  3. mome dice:

    Qué ricas esas cerezas!.Una comida agradable, una compañía idem puede ser uno de los pequeños ,o grandes, placeres de la vida.

  4. Ric dice:

    Estoy leyendo esto mientras me como unas lentejas (caseras) delante del ordenador.
    ¿Estaría mejor comiéndolas en mi casa, con mi mujer y mi hija? Sí, mucho mejor. Pero viviendo y trabajando en Madrid es bastante carambola que puedas ir a casa a comer cada día.
    Podría comer en uno de los restarurantes de menú del día de por aquí. De hecho lo hago alguna vez cada semana. Por socializar con mis compañeros, no por la comida. Normalmente es insana y no particularmente rica. Y las opciones, por supuesto, las de siempre.
    Así que prefiero comer más sano la comida que yo traigo, en la oficina, y acabar una hora antes.

  5. anka dice:

    Me recuerda este movimiento al movimiento slow, que nace en Italia hace unos años. Lo bueno de la comida sin duda alguna es compartir con otro, comida y tiempo. tal vez el último resquicio de humanidad y sociabilidad. La última frontera entre el Yo y el Nosotros. A mí lo de la comida en NY me suena a romería, esa campera del mes de septiembre o de mayo, tan popular,….me suena a VIDA¡¡¡¡

  6. Repaci dice:

    Yo como los viernes en casa.
    El resto de la semana como o “mal como” en la oficina, mirando a la pantalla del ordenador y mezclando aceite de oliva con presupuestos, un poquito de sal con burofaxes… Y un vaso de té con notas de prensa.
    Paso horas recomendando cómo aplicar un buen hábito alimenticio a los demás y termino poniéndome la careta para no reconocerme a mi mismo sentado de 8:30 a 19:00 delante de una pantalla fría.
    No bajo a comer con mis compañeros de trabajo porque en mi trabajo no tengo compañeros.
    Podría catalogárseme de “empleado ejemplar” si por tal pensáramos en una persona que no para para bajar a comer, no sale a fumar y ni si quiera se entretiene comentando el fin de semana porque no tiene con quién hacerlo.
    Ahora bien, iniciativas como la expuesta en el texto… En España… No tenemos esa mentalidad anglosajona que hace que sean genuinamente extravagantes en sus actividades.
    Y es que cambian hasta los dichos populares: “entre col y col: e-mail!”

  7. David dice:

    Coincido contigo, Elena, no en vano los romanos llamaban al lugar de la comida “convivium”, lugar para convivir. ¿Cómo deberíamos llamar hoy al lugar donde comemos? Oficina, restaurante, barra….?

  8. Ursula dice:

    Creo que nunca se “extiende demasiado ese ratito tan agradable de la comida” : ) Yo tardo una media de 60′ por comida (a veces más), y la verdad es que nunca me pareció demasiado… Los 3 últimos años he trabajado en un periódico y cada día (excepto contadas ocasiones) me llevaba mi comida en un tapper y paraba a la misma hora para ir a la sala común a comer y conversar con mis compañer@s. Casi diría que las comidas principales del día son sagradas para mí. Trabaje en lo que trabaje, siempre me levanto con una hora de antelación para poder desayunar tranquilamente, y trato de que mis actividades de ocio (cine, quedadas…) no coincidan con “horas punta” de comida : )
    Tod@s hemos tenido épocas más locas que otras, pero hay que cuidarse! y si tú no velas por tu propia salud y ritmo vital nadie lo hará por ti.

  9. Lorenzo dice:

    A mi me encanta compartir charla y mesa. Pero no deberíamos olvidar la relación entre la tradición mediterránea de hacerlo al mediodía y la, en mi opinión, nefasta jornada partida que a menudo nos imponen nuestros empleadores… Si comiendo delante de mi PC voy a pasar dos horas más al día con mi familia, creo que merece la pena la renuncia…


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