¿Es el coche eléctrico parte de la solución o parte del problema?

Jueves 5/05/2011, por Iñaki Berazaluce

El desastre ecológico provocado por el hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon debería hacer que se replanteara todo el sistema energético levantado alrededor del petróleo, esa savia de la Tierra acumulada durante millones de años y esquilmada en apenas siglo y medio por una Humanidad sedienta de energía.

El problema es que el supuesto cambio de paradigma mantiene los parámetros establecidos por la industria del automóvil: vehículos innecesariamente grandes y pesados para transportar a una sola persona, muchas veces en distancias fácilmente transitables a pie o en bicicleta. La única diferencia parece ser el combustible: la energía eléctrica toma el lugar del petróleo, pero siguen siendo necesarias ingentes cantidades de metal y plástico para fabricar los vehículos y unas carísimas infraestructuras para permitir su tránsito en las ciudades.

Un luminoso con un enchufe dentro de un neumático

Cargador, por drwhimsy

La cuestión es que la energía eléctrica tiene que venir de algún sitio: del propio petróleo, de derivados como el gas natural, de generación hidroeléctrica o nuclear o, finalmente, del sol, la menos contaminante de las fuentes energéticas. El proyecto alemán de llevar un millón de coches eléctricos a su flamante red de carreteras hacia 2020 incide en este continuismo: no se trata de un plan “ecologista” sino de un intento de evitar a la potente industria germana del automóvil (BMW, Mercedes, Audi-Volkswagen) el destino de la estadounidense, sumida en la bancarrota y corresponsable de la gigantesca mancha que amenaza las costas de Luisiana y Florida.

El coche eléctrico desata el entusiasmo de los medios y de los consumidores sensibilizados porque en el imaginario colectivo es antagónico al coche de combustión: cero emisiones frente al denostado CO2 -entre otros muchos gases- de los coches propulsados por petróleo. Sin embargo, el cálculo no es tan sencillo. La huella ecológica del coche eléctrico es en muchas veces superior a la de su igual de gasolina; un Smart eléctrico que tome su energía de plantas de carbón emite a la atmósfera 107 gramos de CO2 por kilómetro recorrido, 20 gramos más que el Smart equivalente propulsado por diesel, según un cálculo del Club Alemán del Automóvil (ADAC).

El sector automovilístico también español también es crítico para la economía. Curiosamente, el “plan Sebastián” anunciado el 2009 era más ambicioso que el alemán, pues pretendía que ese mismo millón de vehículos eléctricos circulara por las carreteras españolas (menos de la mitad de la población alemana) seis años antes, en 2014, un objetivo a todas luces irrealizable. Más modesta es el proyecto Verde, impulsado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, y que lidera Seat junto a las eléctricas para ir preparando el campo a la invasión del coche eléctrico.

Posibilidades de comercialización: 100%, pero sin descartar la otra opción que presenta la propia Volkswagen: su bici eléctrica plegable bik-E., un vehículo ligero para afrontar el agotamiento de los recursos fósiles.

Este artículo se publicó originalmente en La información el 4 de mayo de 2010.

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