El culto a lo digital y la vida sencilla, llevado al minimalismo extremo

Jueves 18/11/2010, por Alvy

Ha circulado estos días una apropiada y relajante historia de verano en forma de artículo de la BBC, titulado Cult of less: Living out of a hard drive. Narra la historia de gente como Chris Yurista, un joven de Washington, que básicamente vive con una mochila por toda posesión. Su mundo digital se reduce, de hecho, a un portátil, un disco duro externo y un teclado MIDI.

Pese a las apariencias, la vida digital de la gente como Chris parece igual de plena que la de sus amigos, con la diferencia de que él ha digitalizado de un modo u otro todos sus discos compactos y películas (unos 13.000 MPs en total); no acumula cajas ni posesiones físicas y toda la ropa que posee cabe en una mochila. Va de acá para allá en su bicicleta y duerme en casa de sus colegas. Trabaja y come fuera de casa. Dice que la carencia de ataduras físicas a las cosas le hace sentirse más libre.

Tres libros y un teléfono móvil con esos tres libros

Cambio de rumbo (Sea Change), por Pen Waggener

Esta tendencia al minimalismo y a la renuncia a la posesión de objetos no es, desde luego, nueva, pero en muchos casos tiene un toque digital interesante. Algunos hasta han hecho de ello un proyecto personal. Kelly Sutton, por ejemplo, montó CultOfLess.com para llevar la cuenta de sus posesiones, con el objetivo de comprobar si era posible «no poseer nada». En su última lista, no muy actualizada, quedaban todavía unos 106 objetos, incluyendo gadgets como un MacBook Pro, memorias USB y hasta una impresora. Prueba no-superada.

A otros, en cambio, no les ha ido tan mal. David Bruno planteó su Desafío de las 100 cosas en contra del mundo tan consumista en el que vivimos. El reto consistía en pasar un año completo poseyendo tan solo 100 cosas, y un año y medio después no sólo lo ha superado sino que ha reducido la lista hasta poco más de 90. Las posesiones tecnológicas eran en su caso una minoría de alrededor del 20 por ciento de los 100 objetos con los que comenzó el reto: había unos seis objetos relacionados con la fotografía digital y siete de electrónica o informática: un iMac, un Powerbook, una impresora, un teléfono móvil, un reloj, altavoces y un disco duro.

En el caso de David las reglas eran un tanto flexibles, como que varios objetos que suelen ir emparejados contaban como uno (ej. zapatos), los objetos «compuestos» también (ej. ordenador + teclado + ratón) y los libros simplemente no se tenían en cuenta (se quedaron un trastero, junto con otros «recuerdos»). Pero, por otro, lado, había una complicación: David no era un jovenzuelo mochilero que podía ir de acá para allá, como sucede con otros aficionados al minimalismo, era un padre de familia.

Lo que hizo fue llegar a un acuerdo con su mujer y sus hijos, tras explicarles el reto, y no contabilizar como «posesión propia» ni la casa ni los objetos comunes que usan entre varios, aunque originalmente fueran de su propiedad. La historia completa la narraron magistralmente hace tiempo en la revista TIME: How to Live with Just 100 Things, aunque para ver cómo terminó –y continúa– la historia es mejor leer su blog o las páginas relacionadas que montó en redes sociales como Twitter y Facebook. En uno de sus últimos twitts incluso se planteaba convertir todo su hogar al modo Desafío de las 100 cosas. Quién sabe qué podría suceder.

Un poco por curiosidad, comencé a hacer por aquella época una lista de los objetos que yo me guardaría si tuviera que reducir mis posesiones a cien pertenencias. Desde luego, la lista está incompleta, pero me resultó difícil pasar de las 30; actualmente tiene 35. Seguramente serían 350 si tuviera que hacerla «de verdad». En mi peculiar simulación me fijaba en algo objetos que quisiera conservar de mi entorno y los añadía a una lista. De vez en cuando, la repasaba. Curiosamente, también las «posesiones tecnológicas» eran menos del 20 por ciento del total: por suerte o por desgracia todavía necesitamos más tipos de ropa que gadgets distintos a nuestro alrededor.

Un detalle interesante es que comprobé que un solo 12 meses varios dispositivos pueden de repente eliminarse para convertirse en uno solo. Hace un par de años tal vez podrías haber querido guardar un teléfono móvil y un GPS, pero ahora son solo uno. ¿Aparece el iPad? Puedes eliminar el iPod y tus libros en papel de un solo golpe. Tal vez quieras conservar algunos dispositivos digitales porque proporcionen mejor calidad (por ejemplo la cámara de fotos, o de vídeo, aunque el teléfono lleve una) aunque con el tiempo prácticamente unas reemplazarán a las otras sin problemas.

Respecto al almacenamiento, resulta interesante cómo ha cambiado también el cuento en los últimos años. Antes había que pensar en «poseer» una cuenta en algún lugar para guardar unos pocos cientos de megabytes de información. Hoy en día esos servicios son gratuitos y puedes guardar todas esas fotos, o música, en todo tipo de sitios fiables. Hoy en día incluso es prácticamente más barato comprar un disco duro de 1 terabyte que el equivalente en DVDs grabables de la misma capacidad.

Curiosamente, los protagonistas de la historia original de la BBC, como Chris Yurista, dicen que su mayor miedo de esas vidas minimalistas que han elegido es precisamente perder todo lo que han digitalizado. Han de buscar formas de realizar copias de seguridad en lugares externos de todo lo que llevan encima porque un golpe, una pérdida o un robo sería el fin de todo lo que poseen o poseyeron alguna vez, recuerdos incluidos. Por su declaraciones, se diría incluso que algunos considerarían el suicidio en caso de perder su vida digital al completo. En realidad, al haberlo transferido todo a un formato de bits, perder eso sería una tragedia tan grande como sufrir un pavoroso incendio. O peor, perderían también todos sus recuerdos, muchos de sus contactos, trabajos y quien sabe cuántas cosas más. Prefiero ni pensarlo, y hacer una vida ligeramente más «analógica»… al menos de momento.

Este artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas el 8 de agosto de 2010.

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