Decídete. No seas cuadriculado.

Lunes 31/05/2010, por Natalia Martín Cantero (54 artículos)

Esta es la continuación del artículo publicado el viernes.

Haz una lista con todas las cosas que te asustan en este momento. Y después pregúntate a ti mismo: ¿qué me dice esta lista sobre lo que es verdaderamente importante para mí?

Seguro que te ha ocurrido un montón de veces. Te sientas a escribir la susodicha lista con dos columnas –a un lado las ventajas, al otro las desventajas– y no puedes evitar la sensación de que la información de que dispones para tomar la decisión es insuficiente. En el colegio, al menos en la educación tradicional, tienden a enseñarnos a creer que las respuestas se encuentran fuera de nosotros. Esto supone que siempre hará falta tener más información para seguir el camino adecuado.

Decídete. No seas cuadriculado.

"Square tess 2", por origami joel

De ahí a sumergirnos en un mar infinito de dudas, de análisis y contraanálisis hay un paso. Entonces estaremos peligrosamente cerca de la parálisis que supone el miedo a equivocarnos. La información es tan inabarcable como las olas del mar.

De acuerdo con la especialista en crecimiento personal Cath Duncan, en este proceso de toma de decisiones liderado por la parte de nosotros más racional –por así decir, la más cuadriculada– es mucho más importante tener la razón que hacernos felices. Cuando usamos los métodos tradicionales, estamos buscando la alternativa que conlleva mayores beneficios y menos riesgos. Y, sin embargo, ocurre que la opción que de una manera lógica conlleva mayores recompensas y menos riesgos no tiene por qué ser la mejor para ti. Esta situación nos obliga a reevaluar lo que de verdad nos hace felices, que no tiene por qué estar en consonancia con las nociones más tradicionales y lógicas que definen el éxito.

Apóyate en tus emociones

O sea, utiliza esa parte de ti que te permite ver las cosas en perspectiva, relacionar eventos e inventar nuevas opciones. No concibas tus emociones como obstáculos sin valor. Nuestras emociones, sean las que sean, han de interpretarse como señales que nos ayudan a encontrar el camino hacia lo que es verdaderamente importante para nosotros.

La ira

Por ejemplo, cuando sientas ira, contémplalo como una señal. Para sentirte enfadado tienes que pensar que de alguna manera te están quitando algo o alguien importante para ti. Esto te da pistas sobre qué te pone de los nervios, y por qué motivos.

El miedo

El miedo, nuestra emoción favorita en estos tiempos de crisis, nos empuja a evitar lo que tenemos. Esta es, sin duda, una reacción útil cuando un perro rabioso corre tras de ti por la calle. Ocurre, sin embargo, que buena parte de las cosas que nos asustan no suponen una amenaza más que en nuestra imaginación.

La mayoría de nosotros suele sentir recelo de lo que no le resulta familiar. Esto supone que cuando aprendemos, crecemos y nos expandimos más allá de nuestra “zona de confort” (o tenemos la oportunidad de hacerlo) sentimos miedo. Cuando te acercas a algo que es realmente importante para ti, sientes mayor temor, porque has puesto el corazón en ello y te importan mucho los resultados. De modo que este es el consejo: haz una lista con aquellas cosas que más te preocupan. Y después hazte la siguiente pregunta: ¿qué relación tiene esta lista sobre lo que es importante para mí?

La libertad

Con libertad nos referimos a todas aquellas cosas que nos hacen felices, como la paz, el amor, la dicha. Cuando estás experimentando estas emociones te sientes ligero y expansivo. No hay mucho análisis que hacer en torno a ellas, en el sentido que apuntábamos un momento antes con las dos emociones anteriores. En estos momentos de libertad no necesitas preguntarte lo que es importante para ti porque lo tienes delante de tus narices. En esos instantes en los que te sientes libre, te sientes bien, vuelve a preguntarte la cuestión anterior: ¿qué relación tiene lo que estoy experimentando sobre lo que es importante para mí?

Y así, podemos llegar a la siguiente conclusión, obvia pero que demasiadas veces pasamos por alto: tus emociones apuntan hacia lo que es importante para ti. Ser consciente de ello te permitirá tomar grandes decisiones que no vayan en contra de tus valores, en lugar de quedarte atrapado en la ansiedad que supone estar siempre preguntándote si estás haciendo lo correcto y si la hierba es más verde al otro lado de la valla.

Ten en cuenta, no obstante, que lo que amas puede cambiar. Que lo que hoy es importante para ti no tiene por qué continuar siéndolo dentro de unos años. No hagas este ejercicio una vez y te encierres después en un plan de vida para siempre, creyéndote que nada va a cambiar a tu alrededor. En lugar de eso, “sé ágil y disfruta de las ventajas de vivir en un mundo que está lleno de posibilidades diversas”, recomienda Duncan.

A esto le llamamos utilizar nuestro sistema de navegación emocional. Si lo activas y lo empleas hábilmente, quizá puedas percibir de manera más clara y menos traumática lo que es más importante para ti.

El acertijo de los nueve puntos o el cuadrado imaginario

Lo que le suele pasar a la mayoría de la gente es que comienza en una esquina y dibuja tres líneas alrededor del cuadrado. Pero así, claro, no podrán recorrerlos todos. En ese momento, la mente se desespera. Como suele suceder con tantas otras cosas, cuantas más veces fracases, más frustrado te sentirás.

Como explica Jon Kabat Zinn, cuando ves por ti mismo la solución a este problema suele haber un momento de sorpresa: la solución al problema radica en extender las líneas más allá del cuadrado imaginario que forman los puntos. Según está planteado, el problema no impide ir más allá de los puntos, pero la tendencia “normal” es observar el cuadrado formado por los nueve puntos y pensar que la solución se encuentra en el espacio que forman entre ellos.

Si el modo automático en el que tendemos a contemplar las cosas te lleva a aislar los nueve puntos en sí mismos, nunca encontrarás una solución satisfactoria a este problema. Como consecuencia, puedes terminar echándote la culpa por ser incapaz o enfadándote con el problema por ser imposible. Si haces eso, estás colocando tu energía en el lugar equivocado. Estás perdiéndote el contexto, mayor de lo que habitualmente se ve, del problema.

El acertijo de los nueve puntos apunta a la necesidad de tomar una perspectiva más amplia de ciertos problemas para resolverlos. Esta aproximación supone preguntarnos a nosotros mismos cuál es la extensión del problema y discernir la relación entre las partes asiladas, así como el problema en su conjunto. O sea, explica Zinn, para resolver estas cuestiones tenemos que expandirnos más allá de nuestra manera habitual de ver, pensar y actuar para no quedarnos atrapados en nuestros prejuicios.


4 comentarios a “Decídete. No seas cuadriculado.”

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  1. Josefina dice:

    Caray, así escrito parece fácil pero no sé si es todavía enredarlo más. ¿no será más fácil que te echen las cartas y listo?

  2. mome dice:

    Fácil no parece.Volveré a leerlo.Se lo pasaré a mi profe de yoga, él insiste en que todo está dentro de nosotros, claro que nos pone ejemplos muy sencillitos.

  3. Patricia dice:

    He estado dándole vueltas y no se me ocurre un caso en el que haya pocos riesgos, muchas ventajas y no sea bueno para ti. ¿Por qué tendrá tan mala fama últimamente la pobre razón?. La mente está modeladada por las emociones y los sentimientos, no creo que se pueda separar. Lo importante, creo, es decidir con tu propio criterio, ese que es reflejo de lo que eres: de tu razón, de tu emoción y de tu historia.

  4. Marta Basa dice:

    El acertijo de unir los 9 puntos me parece esclarecedor. Estamos tan acostumbradas/os a marcarnos límites por educación etc que no caemos en que nadie nos ha dicho que no podamos traspasar ese cuadrado imaginario para hallar la solución. Gracias. Creo que me va a ayudar mucho de ahora en adelante.


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Natalia Martín Cantero
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