Decálogo Robin Hood: Diez cosas que puedes hacer hoy mismo para reducir el abismo entre ricos y pobres (y II)

Viernes 4/10/2013, por Iñaki Berazaluce

“El gobierno civil, en la medida en que es instituido en aras de la seguridad de la propiedad, es en realidad instituido para defender a los ricos frente a los pobres o a los que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna”

Adam Smith

Después de la excelente acogida que tuvo la primera parte del artículo pretendo incorporar algunas de las ideas recibidas en los comentarios, tanto en Yorokobu como en Menéame. Pero antes de nada me gustaría hacer una aclaración: el objetivo de este decálogo no es darte ideas para que ahorres dinero en tus compras, como algunos parecen haber concluido. De hecho, una de las cuestiones que pretendía denunciar era precisamente la asunción por parte del ciudadano de su rol de homo economicus y su patología correspondiente: comportarse como si el precio fuese el único criterio determinante a la hora de comprar.

Anillos de crecimiento curtidos

Anillos de crecimiento curtidos, por Michael Gäbler

Hacerte consciente de las consecuencias de tus actos (incluyendo el consumo) no sale barato. De hecho, en ocasiones resulta bastante más caro, como bien saben quienes compran verduras ecológicas, productos de comercio justo. Comprar en la tienda del barrio o intentar generar tu propia energía –dos de las sugerencias vertidas en la primera parte- suele ser, de hecho, más costoso. Pero, insisto, el objetivo no es ahorrar sino intentar horadar el muro de privilegios levantado por la clase pudiente. Sin duda comprar en Amazon es mucho más económico que hacerlo en Electrodomésticos Paco, pero en el primer caso tu dinero va a engrosar la ya repleta cuenta corriente de Jeff Bezos en lugar de dar trabajo al hijo de Paco, que, tarde o temprano, va a gastar parte de su sueldo en tu estudio de decoración.

Vamos con los cinco últimos puntos del Decálogo Robin Hood:

Bla Bla Car (ilustración: personas alrededor de un coche)

6. No compres: alquila, comparte, pide prestado

Un estudio llevado a cabo entre hogares de EE UU que poseían una taladradora comprobó que el uso medio durante la vida útil del aparato oscilaba entre 6 y 13 minutos. Un coche pasa el 95% de su vida aparcado. Puedes encontrar muchos más ejemplos con echar un vistazo a tu casa. ¿De verdad era tan imprescindible ese alisador de pelo como pensaste en su día?, ¿a qué esperas para regalar esa Thermomix que te compraste en un obtuso arrebato de ‘teletienditis’?

En su clásico Vivir mejor con menos (1997), Daniel Wagman y Alicia Arrizabalaga hacían una encendida defensa del “acceso frente a la propiedad”, al tiempo que criticaban el patrimonialismo interesadamente promovido por el capitalismo. Cuando fue publicada aquella biblia del downshifting, Internet aún no era la gigantesca malla de interrelación social que es hoy, de modo que servicios de compartición como Blablacar (vehículos), Airbnb (viviendas) o VivirSinEmpleo (bancos de tiempo) eran aún una entelequia.

Blablacar, SocialCar o BlueMove son algunos de los servicios que permiten compartir coche que pueden hallarse en el directorio de Consumo Colaborativo. El fundador de la página, Albert Cañigueral, considera que el cambio de la propiedad al usufructo ya se está dando y “los propios fabricantes son conscientes de que la gente no necesita tener un coche, sino desplazarse, así que están orientando su estrategia comercial hacia el carpooling [vehículo compartido]”. ¿Es posible hacer lo propio con otros aparatos? “Ojalá El Corte Inglés empezara a alquilar y no a vender muchos de sus productos”, suspira Cañigueral.

Un paso más allá se sitúan las llamadas “comunidades intencionales”, grupos de personas y familias que de algún modo viven en común y comparten sus bienes y sus responsabilidades. “No son necesariamente ecoaldeas en medio del campo ni comunas –me explica la exploradora de utopías Nati Quiró- y, de hecho, en Europa abundan las comunidades de carácter urbano y semiurbano”. En estas comunidades “compartes  gastos, aprendes a vivir con más gente, tomas decisiones en común, cuidas a los hijos de la comunidad como si fueran los tuyos…”

7. Únete a otros consumidores para lograr tus objetivos

Como reacción al reciente tarifazo de luz impulsado por el ministro Soria a instancias de Unesa, la OCU ha iniciado la campaña Quiero pagar menos luz, a la que ya se han adherido 200.000 hogares. La idea es utilizar el poder de compra colectivo de ese gran grupo (podemos estar hablando de 200 millones de euros al año) para negociar una tarifa más económica con las eléctricas.

Una buena iniciativa pero incompleta. Como decía al principio, más allá de lograr suculentos descuentos el consumidor tiene el poder de transformar el statu quo, en este caso el omnipotente oligopolio energético que dicta leyes en España. Si de verdad pretendes desenchufarte de una red eléctrica derrochadora, cara y contaminante sigue el punto 4 del decálogo: genera tu propia energía o pásate a una cooperativa de energías limpias.

Hace un par de décadas que venimos escuchando desde la publicidad el mantra “el cliente es el rey”. ¿Lo somos de verdad? De ser cierto, el consumidor debería poder asumir el rol de los debilitados sindicatos y utilizar su poder colectivo para lograr objetivos del tipo: 1. Mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores -por ejemplo “Compro en Mercadona porque trata mejor a sus empleados que Carrefour” (y se lo hago saber a esta última)-; 2. Castigar las agresiones al medio ambiente y, por qué no, 3. Conseguir rebajas en los precios.

Heating Oil (petróleo caliente)

Imagen de Heating Oil

8. No inviertas en Bolsa (ni dejes que otros lo hagan con tus ahorros)

La Bolsa es un gigantesco esquema Ponzi que necesita de tus ahorros para seguir creciendo y lucrar aún más a los que están en la cúspide. El llamado “capitalismo popular” fue un gigantesco fraude del que aún se están resintiendo millones de ahorradores de todo el mundo. Los 300.000 afectados por la estafa de las preferentes en España (200.000 de ellos por Bankia) son solo la punta del iceberg de los millones que vieron volatilizarse sus ahorros y sus pensiones por el desplome de los mercados de valores en el último lustro. Eso sí, quienes invirtieron en fondos de pensiones o de inversión vinculados a la bolsa tenían conocimiento del riesgo asumido, mientras los ingenuos jubilados que guardaban sus ahorros en Cajamadrid fueron directa y vilmente engañados.

El problema no es solo la imprevisible volatilidad de la bolsa sino la asimetría en la información que tienen los actores: el pequeño ahorrador se va a enterar sistemáticamente tarde, mal y nunca de las informaciones que hacen oscilar las cotizaciones y, como resultado, va a perder (o a ganar menos, que es otra forma de perder), transfiriendo paulatinamente su riqueza a los agentes financieros.

Como decía, la Bolsa solo crece si sigue fluyendo dinero fresco en sus voraces tuberías. Tal y como explica Antonio Baños en su libelo La economía no existe, a partir de los años 80, los brokers financieros lograron convencer a los ahorradores de que “pusieran su dinero a trabajar”, una alianza contra natura de individuos con lógica aversión al riesgo (los pensionistas) y sus contrarios, corredores de bolsa adictos a la testosterona y con perfil de psicópatas. En palabras de Eliseo Oliveras, en El Periódico de Catalunya:

“La coña está en que los que están dispuestos a jugar al riesgo nunca son los propietarios del dinero. La apuesta personal de los agentes de riesgo nunca había sido tan leve como en aquel entonces. Eran jovencitos jugando con la pasta de ancianos. Los fondos de pensiones crecieron con especial rapidez, del 0,8% del mercado en 1950 al 30% en el fin de siglo”.

Dos máquinas de escribir antiguas, oxidadas.

Letras oxidadas, por Desert Monster Bell

9. Recompensa a los autores por su trabajo

Sé que este punto no va a ser popular, pero, qué demonios, alguien tiene que decirlo. Mientras estaba documentándome para este artículo revisité el beligerante documental, The Corporation. Si hace cinco años me lo pasaron en un CD tostado, esta vez lo vi en YouTube, como mandan los tiempos. Mi sorpresa fue que tras cada uno de los capítulos aparecía el director de la película, hablando en nombre de las 200 personas que habían trabajado en la misma, pidiendo humildemente una donación por su trabajo, “el documental canadiense más descargado de la historia”. Cansados de ver su obra disponible gratuitamente en internet, el director había decidido subirla en condiciones a YouTube y, al menos, pedir una dádiva.

No es este es lugar más apropiado para hablar sobre la codicia de discográficas y editoriales, los consabidos modelos de negocio obsoletos y la importancia de que la cultura sea libre y accesible para todos, pero lo que es innegable es el resultado de nuestra habilidad para esquivar la taquilla de los contenidos: “Internet está acabando con la clase media, tal y como advierte el activista digital Jason Lanier en esta interesante entrevista.

La gran mayoría de los creadores no están sentados en el banquete de la vida como Lady Gaga, Paulo Coelho o James Cameron sino que son humildes jornaleros del pincel y de la pluma: escritores, actores, guionistas, intérpretes, cantantes, rapsodas que, como tú, tratan de ganarse el pan cada día. Si de veras quieres ser un Robin Hood recompénsales por su trabajo aunque sea con una cantidad simbólica. Sistemas como Flattr permiten hacer micropagos voluntarios al autor de una obra que has disfrutado gratuitamente, ya sea una canción, un YouTube o un artículo como el que estás leyendo.

10. Aprende a decrecer

Ya lo decía Albert Einstein: “El mayor problema de la Humanidad es que no entiende la función exponencial”. Si pides una hipoteca a 30 años por tu vivienda (lo sé porque estoy pagando una) acabarás pagando el triple de lo que pediste prestado… y eso si has conseguido un tipo de interés favorable. El acuerdo parece justo, en tanto yo necesito la casa hoy pero no dispondré del dinero hasta el futuro.

El problema es que este tipo de intercambio solo funciona en una economía en crecimiento, por ejemplo la que vivió este país casi ininterrumpidamente entre 1950 y 2007. Los que vivieron esa época –desde la autarquía al “España va bien”- comprobaron que hipotecarse era un buen negocio, y así echó raíces el característico patrimonialismo español. Pero los tiempos cambian y las actitudes se perpetúan, como explica genialmente Antonio Turiel en el artículo Crisis de nuestros padres, y los más jóvenes siguen empeñados en acceder a una vivienda en propiedad aunque para ello tengan que sacrificar sus –con suerte- magros sueldos. Este hilo de Burbuja.info explica con un elocuente ejemplo la disonancia cognitiva que sufren los hijos cuando intentan aplicar las recetas económicas que les funcionaron a sus padres.

Uno de los efectos pérfidos del actual modelo de generación de dinero y pago de deuda con interés compuesto es una constante y gigantesca transferencia de recursos desde el 90% más pobre al 10% más rico, tal y como explica Albert Cañigueral en este ilustrativo artículo.

Pero el juguete del crecimiento se ha roto y muchos creen que no tiene arreglo: la carestía energética y el reflujo demográfico obliga a un decrecimiento paulatino o tal vez nos veamos abocados a una voladura (des)controlada. “Podemos comparar la expansión de la Humanidad con la levadura de cerveza: mientras hay un sustrato de hidratos de carbono, la colonia de bacterias se dispara y cuando esta se acaba, se colapsa –explica Javier Zarzuela, impulsor de la iniciativa Zarzalejo en Transición-. Tenemos la oportunidad de revertir ese proceso, de forma creativa y coger las riendas, ¿seremos capaces?”

Con información de El Confidencial, ABC, Oil Crash, Burbuja.info, The Oil Crash, I-Ratio. Muchas más iniciativas de consumo P2P en Consumo Colaborativo.

Este artículo se publicó originalmente en Yorokobu el 26 de septiembre de 2013.


2 comentarios a “Decálogo Robin Hood: Diez cosas que puedes hacer hoy mismo para reducir el abismo entre ricos y pobres (y II)”

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  1. Jos dice:

    Esto no es del todo correcto ni tan sencillo. Si compro a Electrodomésticos Paco, que es un minorista y tiene peores precios me sale más caro que en AMAZON,que al ser mayorista ofrece mejores precios por EL MISMO producto. Porque Electrodomésticos Paco también compra en China. Y en AMAZON compras productos españoles.
    Es como el chino de mi barrio: vende pan Ruipan, hecho en Leganés. ¿Qué hago? ¿le dejo de comprar por ser chino? Entonces estoy jorobando a un español que es eslabón anterior…
    No creo que se deban simplificar tan alegremente las cosas.

  2. Felipe D. dice:

    Tengo una crítica respecto a lo que escribiste:

    6) No compres, alquila o pide prestado. Mejor crea una pequeña comunidad con tu familia o amigos y haz un conjunto de cosas que se necesitan para poder compartirlas, algo así como un banco de cosas.

    7) Es difícil debido al poder del monopolio, al menos donde yo vivo (Chile)

    8) No inviertas en la bolsa: Junto con decir donde no invertir, hay que dar alternativas para que el dinero ahorrado no pierda su valor en el tiempo por efecto de la inflación, caso contrario esos ahorros terminarán gastándose en cosas y aumentando el consumo irracional.

    9) Aqui tengo opinión encontrada. Si yo subo algo a la web en forma gratuita, es porqué quiero que sea conocido. Si quiero lucrar, no lo subo en lugares públicos como youtube, si no en lugares de pago como Amazon.

    10) 100% de acuerdo. No se puede sostener una vida en este planeta consumiendo como se hace hoy.


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