Consumir menos, vivir mejor

Martes 21/06/2011, por Toni Lodeiro y Vida Sencilla

Somos muchas las personas que, teniendo claro que nos gustaría vivir de otra manera –más relajadamente, con más tiempo para disfrutar de la vida y cuidarnos, más ecológica y solidariamente–, vemos que nuestra realidad cotidiana es diferente de la vida que soñamos. El libro “Consumir menos, vivir mejor” de donde hemos extraído este artículo, te ayudará a dar un gran paso en esa dirección.

Lo de la “vida sana” es algo asumido socialmente como interesante. Parece claro que cuidarnos razonablemente, nos puede traer bastantes satisfacciones –como, por
ejemplo, sentirnos en buena forma física– y ahorrar bastantes malestares en forma de dolencias que se pueden prevenir con sencillos hábitos saludables.

Pero lo de consumir de manera sostenible no parece tan claro que nos beneficie. Más bien podemos pensar que estamos dejándonos tiempo y dinero –y no es que nos sobre ni lo uno ni lo otro– en cosas que de poco sirven.

Campos de Castilla y León

El campo de la serenidad, por Israel Gutiérrez

¿Para qué voy yo a ir en bus si tardo el doble que en coche? Y con el precio que tiene el transporte público apenas ahorro. ¡A veces hasta es más barata la gasolina del coche que el precio del billete del bus o del tren! Si además los gobiernos no hacen más que invertir en autovías y, cada vez hay menos trenes y más caros y…

¿Para qué voy a ir yo con mi bolsa de tela a la compra si estoy viendo a los de al lado llevarse un millón de bolsas para meter dos peras, una manzana y un plátano? Si somos cuatro locas las que lo hacemos, no sirve para nada… Claro, sentimos que estamos haciendo el tonto…

«Por mi culpa, por mi gran culpa»

Buscando salidas a los problemas ecológicos y sociales a veces nos encontramos discursos moralistas.

Como en el mundo las riquezas están muy mal repartidas y a mí me tocó “arriba”, me siento culpable. Y debo sacrificarme por los oprimidos porque yo soy una privilegiada. Y debo ayudar a los más débiles y no puedo ser egoísta y pensar en mí.

Este tipo de discursos nos dicen que si compramos una radio Made in Taiwan somos responsables de la explotación de las menores que la han fabricado, y que el cambio climático es consecuencia directa de que encendamos o no el radiador. Esta “cultura de la culpa” abunda en las sociedades occidentales en general y quizás especialmente en ambientes “OeNeGeros” y/o cristianos.

Es una postura “hiper responsable”, que no deja disfrutar a quien la padece. A menudo la moralista termina quemada y alejada de los valores que defendía, que sólo le traían renuncias y sacrificios (¿cuántas hippies e izquierdistas de antaño dirigen hoy grandes empresas y partidos conservadores?); y habiendo quitado las ganas a mucha gente de acercarse a esos valores (por entender que esto de la ecología es cosa de gente amargada). Pero, aunque este tipo de posturas fuesen eficaces, ¿generarían relaciones saludables? Pues más bien no, pues son discursos cercanos al “paternalismo”: a querer ayudar a costa del sacrificio propio, y a pensar que tenemos las ideas “justas” que todo el mundo debe asumir. Nos convierte en héroes o sufridos salvadores en sus versiones cristiana –Cristo murió en la cruz para “pagar” nuestros pecados– o izquierdista –el Che murió en Bolivia para liberar a las oprimidas del mundo.

->+ (menos es más)

Lo de consumir conscientemente debe ser algo que elegimos, un proceso de liberación que hacemos porque queremos. Si lo estamos viviendo como una obligación externa, o si tenemos sentimiento de culpa si no lo hacemos, ahí algo está fallando, hay que reflexionar…

La “cultura de la queja”

El moralismo no es una buena salida, pero tampoco lo es el extremo contrario: la “cultura de la queja”. Abunda en las sociedades occidentales en general, y en las gentes de izquierdas en particular. Consiste en pensar que “conmigo no va”. La culpa siempre la tienen los políticos y los que tienen más poder. “El pueblo” es bueno por definición y es una víctima indefensa del sistema. Ya lo decían, con mucha “retranca” Siniestro Total: tranqui, colega, la sociedad es la culpable.

Si nos dicen que el usar el coche privado como lo usamos no es sostenible respondemos que donde se despilfarra realmente la energía es en la industria (como si no fuese para nuestro propio consumo lo que produce la industria), o que podría haber coches ecológicos si hubiese voluntad política, o que lo que tendrían que hacer es poner transporte público barato o gratis o prohibir los coches, o…

Es una postura infantil, que no quiere renunciar a nada. Que no quiere límites ni responsabilidades. Que tira balones fuera. Que hagan las demás. Nos situamos fuera de cualquier responsabilidad. Nos sentimos a la vez juezas y víctimas inocentes.

Es cierto que “arriba” hay mucho poder y a menudo mal usado, y que es demasiado peso para nuestras espaldas cargar con tanto desajuste como hay por el mundo adelante. Y que debemos quejarnos y vigilar los desmanes del poder. Pero hacernos cargo de nuestra parte de responsabilidad y participar para cuidar y mejorar nuestro entorno es también nuestro deber. Y lo del deber, a menudo, se olvida.

“Consumir menos, vivir mejor” (más información y descarga en formato PDF).

3 comentarios a “Consumir menos, vivir mejor”

Subir
  1. Pilar S dice:

    Gracias por publicar ese texto. Me he visto reflejada en varios personajes comentados. Habrá que leer ese libro.
    Saludos y ánimo con este blog.

  2. Muy bueno el análisis. Situarse desde varias perspectivas nos lleva a sentir que somos parte de la solución y que lo que hagamos debe ser en la búsqueda de nuestro propio bienestar.


Hacer un comentario

Subir

Si entras con tu cuenta es aún más fácil: | Iniciar sesión


+ 3

Si conectas, colabora

Síguenos en Facebook RSS

Contamos contigo

Necesitamos el apoyo de nuestros lectores. Puedes colaborar económicamente o enviando contenidos (textos o material gráfico) acordes con la línea editorial de Vida Sencilla. Las sugerencias siempre serán bienvenidas.