Confesiones de una atea

Jueves 10/03/2011, por Mercedes Gallego (2 artículos)

Volví a Haití en el terremoto atormentada por el dilema de la responsabilidad profesional. Si no lográbamos tocar la fibra sensible de los lectores con una historia aún más truculenta que las anteriores, no se detendrían a leerla. Pero si les dejábamos concluir que un año después no ha cambiado nada, perderían la motivación para seguir ayudando a un pueblo que depende por completo de la generosidad del mundo.

Nuestros relatos del apocalípsis y los miles de muertos descomponiéndose por las calles habían sido dardos en las conciencias del mundo. La gente se llevó las manos a los bolsillos como nunca antes y ahí mismo, frente a las estremecedoras imágenes que se sucedían en las calles de Puerto Príncipe, se abrió de pronto la posibilidad de un renacer para Haití. Poco después, sin embargo, habíamos traspasado con nuestras plumas el umbral del dolor. Cuando el secretario general de la ONU Ban Ki moon lanzó en noviembre la urgente petición de 164 millones de dólares para detener la epidemia de cólera, sólo recibió el 20%. El mundo se había anestesiado frente a las infinitas calamidades de los haitianos.

Florene Papité pareció ser el personaje ideal para una historia dura con final feliz. Tenía 17 años, sida y un bebé en el vientre cuando la tierra se abrió y sepultó para siempre a su compañero. Desde que dio a luz, dos semanas después del apocalíptico terremoto, había vivido con el niño en brazos bajo un toldo donado por un extraño cuyo nombre ni recuerda. El día en que la encontré en un campamento de la ONG Concern por fin había recibido una casa prefabricada. Pero el destino cruel que persigue sin descanso a los hatianos quiso que llegase una semana tarde: acababa de entregar su hijo a un orfanato.

Un niño haitiano se asoma desde un orfanato esperando recibir ayuda

Haití..., por Lucas Simmons

Supuse que me encontraría a una joven atormentada por el remordimiento y hundida en la desolación, envejecida prematuramente por el sufrimiento, la enfermedad y un año a la intemperie. Me encontré, sin embargo, a una adolescente dulce y sonriente que no aparentaba más de 14 años. Tanto, que aún dudo seriamente si realmente tiene los 18 que dice, o si es una estrategia para evitar el orfanato. Mi sospecha se vio fortalecida por sus dificultades para recordar su propia fecha de nacimiento. Los cooperantes me insistieron en que eso no es inusual, “a veces cuesta trabajo hasta sacarle el nombre de sus hijos”, me confió una.

Florene me contó su historia en criollo y cada vez que la narración tocaba uno de los episodios más trágicos exhibía una inesperada sonrisa de oreja a oreja. Si la pregunta hundía el dedo en la llaga, ella respondía con una inocente carcajada que coreaban con una risotada quienes estaban a su alrededor, como si hubiera contado un chiste. Llegué a desconfiar de mi traductor, los gestos y las palabras no se correspondían, pero entonces recordé que un año atrás, cuando los médicos les arrancaban la piel a tiras y sin anestesia, los haitianos cantaban en vez de llorar.

Si entonces volví a casa con esos cantos de resistencia clavados en el alma hoy vuelvo desconcertada por la naturalidad con que muchos de ellos han encajado en sus vidas los dramas más aberrantes. Me cuesta decirlo, viniendo de una católica desencantada y resabiada con la religión, pero lo que mantiene en pie a los haitianos no es sólo la ayuda internacional, sino la fe. Una fe inquebrantable que, paradójicamente, se hace más fuerte cuantas más penurias pasan. “Dios no se ha olvidado de mí”, dice en las furgonetas “tap-tap” que utilizan de transporte público. Y ellos lo creen a pies juntillas.

Cuando se les pide cuentan sus dramas con la serenidad de quien no se plantea siquiera cuestionar la voluntad de Dios. Todo lo que pasa responde a un plan divino en el que confían sin atreverse siquiera a calificarlo de bueno o malo, por obvio que nos resulte a los demás ese juicio de valor. Por eso Florene no está triste, dice sonriente cuando se le pregunta. Sí, echa de menos a su niño, más que nada en el mundo, “pero si Dios quiere volveré a tenerlo a mi lado, y si no, él sabrá por qué lo hace”.

Desde mi escepticismo al principio ni siquiera anotaba estos comentarios tan tópicos que se repetían en casi todas mis entrevistas. Luego comprendí que, en conciencia, no puedo obviar esta característica reiterativa de los haitianos, imprescindible para entender su realidad. “Toda persona tiene derecho a ser feliz y toda persona tiene derecho a superar el sufrimiento”, dice el Dalai Lama. “Por lo tanto, si alguien saca felicidad o beneficio de una confesión religiosa, es necesario respetar sus derechos”.

El líder tibetano admite en El Arte de la Felicidad que “una fe religiosa, por sí sola, no garantiza la felicidad y la paz”, pero cree firmemente que “el ingrediente final de una vida más feliz es la dimensión espiritual”. Para él “cada una de las grandes confesiones religiosas del mundo puede ofrecer las mismas oportunidades de alcanzar una vida más feliz”, porque lo que ayuda a sostener a millones de personas en momentos de dificultad no es ya la voz de su Iglesia, sino la certeza incuestionable de su propia fe, que no les permite entregarse al papel de víctimas.

Admito que siempre me ha resultado más fácil congraciarme con la palabra espiritualidad que con la de religión. Por eso cuando este sabio budista definió la espiritualidad y me encontré en ella a los haitianos suspiré aliviada: “Se trata de un conjunto de cualidades como la bondad, la amabilidad, la compasión y la atención con los demás”, dice su intérprete, el psicólogo Howard Cutler.

Los haitianos traen esas cualidades en los genes. Lo comprobé cuando visité un orfanato de Puerto Príncipe. Esas criaturas hambrientas de cariño derrochan ternura con el primer extraño que cruza el umbral. Los niños de mi país lloran o gritan cuando buscan atención. Los niños de este orfanato se deshacían en caricias y sentidos abrazos a los que nadie podía resistirse. Parece que hace falta haber nacido en esta parte de La Española para llevar ese carácter de santo a las horas más turbulentas de nuestras vidas.

A Florene, su familia le ha dado la espalda. Si el sida ya es un estigma en nuestra sociedad, en Haití es peor que el cólera. Pero ella tampoco la juzga sino que incluso la disculpa: “Mi madre vive muy lejos, en el campo no tienen qué comer”. La matriarca no vino a la ciudad para conocer a su nuevo nieto, pero no se perdió la boda de otra de sus hijas hace sólo un par de meses.

Carnaval en Haití. 2010. Un niño lleva una pancarta que dice: !Haiti levántate!

Haití se levanta..., por José Luis Soto

Esa condescendencia de los haitianos debe ser la que les ha permitido pasar por alto los crímenes de Jean Claude Duvalier cuando el dictador ha regresado a Haití, tras 25 años de exilio. El resto del mundo clamaba justicia –o venganza, es difícil decir-, pero ellos seguían adelante con sus vidas, recurriendo a frases exculpatorias como “el pasado, pasado está”, “cualquiera que venga a ayudar será bienvenido” o “todo el mundo comete errores”. Los errores de Duvalier son crímenes contra la humanidad, entre 20.000 y 60.000 asesinatos, torturas y detenciones arbitrarias con los que imponía su reino del terror, pero en las calles no se compartía la indignación que sentíamos los observadores. “¿Sabes por qué?”, me dijo el pintor Carlo Thertus desde su exilio neoyorquino. “Porque los haitianos son buena gente”.

Le escuché en silencio y no pude por menos que asentir, pero una parte de mí se revolvió, como ésa que se resistía a aceptar el papel de la fe en su supervivencia. ¿Significa eso que los que pedimos justicia somos malas personas?, me rebelé para mis adentros. Sólo me reconcilié con sus palabras a través de las páginas de otro libro, esta vez de la escritora Edwidge Danticat, la musa por excelencia de la diáspora haitiana. “La ira es un sentimiento inútil”, afirma en su libro “El Torturador”. Y en eso, una vez más, concluí humildemente, son más sabios que yo. Por eso la vida se ha abierto paso entre los escombros de Puerto Príncipe, cuando a nosotros no nos cabe siquiera en la cabeza que la ciudad vuelva a bullir enterrada aún entre cascotes y cadáveres un año después. Como Florene enfrenta con serenidad la ausencia de su hijo, dispuesta a aceptar lo que la vida le ponga por delante y dar las gracias por ello. Sólo un pueblo como éste es capaz de enfrentar tantas miserias sin perecer en el intento. El mío, me temo, se desgañitaría de rabia y se ahogaría en sus propias bilis, presa de la amargura y la desesperanza.


12 comentarios a “Confesiones de una atea”

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  1. tomasin dice:

    pensamientos reflexionados de un ateo qe no reconoce ni la palabra ateo:

    1 Lo de la ONU es como una casa de putas, el macarra más macarra es el que tiene la mejor puta, ejemplo , el COngo.

    2ª. Es chica con un niño, con sida y embaraza….¿ porque no fue un poquito responsable, si tenía sida porque se quedó embarazada? Si es que la violaron o el amor ciego e ignorante la llevó a tal estado, por lo menos espero que salga aadelante pero que piense un poquito antes de abrirse de patas de nuevo….¡ si es que lo hce voluntariamente ! si es obligada es otro cantar….

    3. ommm….oh el dalai lama, la reflexion del Dalai Lama es :dice el Dalai Lama. “Por lo tanto, si alguien saca felicidad o beneficio de una confesión religiosa, es necesario respetar sus derechos”.
    Igulmente se puede decir de la Heroína, la coca, el alcohol, el futbol, o la guerra , o la geopolitica…bufff…pero parece una reflexión muy peligrosa….muy peligrosa….Este individuo que los de su casta, los lamas budistas tibetanos, tuvieron esclavizados, analfabetizados y sumisos en el retraso a su pueblo durnte 1300 años no es quien para ir dando ejemplo de nada, ni de compasión, ni de amor, ni de nada….por muy hipnotizante que sea su sonrisa y su falso `pacifismo, puesto qe ahora es pacífico pero cuando tenían el control total y absoluto del Tibet los lamas llevaban látigos…

    En cuanto a Duvalier y sus Tontonmacup, ¡¡¡¡ que facil es olvidar la historia o incluso manipularla y reinventarla !!!!

    posdata: uno de los mayores benefactores de la madre teresa de Calcuta fue Duvalier, así que la vida es muy contradictoria, a no ser que a cada cosa la llamemos por su nombre, este Duvalier es un criminal como Hitler, y la madre teresa de calcuta era un buena persona en un cerebro de mosquito, pues utilizaba la misma jiringuilla para todos sus enfermos porque deci que era un derroche….y no solo duvalier sino muchos piratas financieros y dictadores mundiales del corte de duvalier fueron los financieros de madre teresita de calcuta….

    Para finalizar diré Haití es un paraiso, fisicamente, son los mismos hahitianos los que deberan trabajar duro y organizarse sin de verdad quieren superarse y vivir como viven en Hawai o en las islas canarias….y para eso hay qe trabajar….y vivir de la limosna no es solución….Aunque reconozco que en casos extremos, la ayuda es bienvenida y necesaria, pero despues hay que trabajar….y pensar….y como el pueblo Hahitiano olvide y perdone al Duvalier y no lo cuelguen en una plaza publica, mal empezaran….muy mal….

  2. tomasin dice:

    perdón por escribir rápido, pues comido me he y añadido he alguna letras que no debieran estar….ahhh…olvidé, un saludo …

  3. Alejandro M. Masedo dice:

    * Quede claro que, en lo fundamental (el corazón del artículo, la descripción del sufrimiento y desgracia de ese pueblo), siento una gran pena y solidaridad así como aprecio por la autora.
    * Quizá lo que dice tomasín lo hace en tono muy duro, quizá hace daño leerlo, pero tampoco se debería quitar a la gente la parte de responsabilidad que le toque, aunque sólo sea por respeto hacia ellos.
    * En cuanto al título: sí le pediría a Mercedes un poco más de cuidado con el uso del concepto “ateo”. Si una persona (en esas circunstancias, además) se siente aliviada por sus creencias en un dios (y lo que viene detrás), yo no se lo reprocharía. Pero no pondría velos (en un artículo, por ejemplo) a mis verdaderas creencias. Y si eres ateo, las explicaciones sobrenaturales sobran.
    * Espero el segundo artículo.

  4. Ignacio dice:

    Respuesta de otro ateo:

    He oído muchas veces eso de que “no tienen nada, pero son muy felices”. Lo
    dicen de India, de Haití, de muchos países de África, de Brasil…

    Es que se les ha enseñado a resignarse. Se mueren porque no tienen dinero para una vacuna, y lo hacen sin protestar, porque creen que es voluntad divina y que nadie tiene la culpa.

    Es mentira. Claro que hay culpables, y esa resignación (cristiana o de cualquier otra religión) les sirve para mantenerlos sometidos, para que no protesten, para que no se levanten, que es lo que deberían hacer, si tuviesen fuerzas para hacerlo.

  5. Natalia Martín Cantero dice:

    … como hemos visto en el mundo árabe… no habría habido ningún levantamiento de mantenerse esa resignación.

  6. Alfonso dice:

    _ ¿Papá, qué es la fe?
    _ Difícil pregunta hijo mío. ¿Qué es la fe?…
    ¿Alguna vez has visto sonreír al sol?
    _ ¡Papá, el sol no sonríe, la que sonríe es la luna!
    _ Te equivocas hijo mío, el sol también sonríe; lo que ocurre es que, si lo miras directamente a los ojos, su luz te ciega.
    _ ¡¿Entonces, el sol también tiene ojos?!
    _ Y nariz.
    _ ¿Y tú como lo sabes?
    _ Porque lo sé…
    _ Papá.
    _ ¿Qué, hijo mío?
    _ Sigo sin saber qué es la fe.
    _ La fe, hijo mío, es creer en algo porque deseas hacerlo.

  7. tomasin dice:

    Bonito cuento Alfonso para niños, pero para personas adultas bien formadas, lectoras y con entendederas se queda en eso en cuento para niños. ¿ porqué ? porque la fe de un cientifico por descubrir una vacuna contra el sida, por ejemplo, es una fe razonable, pero la fe entendida religiosamente, es ignorancia pura y dura, solo hay que leer los textos sagrados de todas las religiones, son aberraciones contra la humanidad, incluso en el budismo que no tiene texto sagrados hay una fe, que incluso es más aberrante, pues debes tener fe que si vives como un árbol alcanzaras la iluminacion y se perseveras el nirvana….

  8. tomasin dice:

    Natalia, en Egipto y Tunez ha triunfado el pueblo, pero como no haya cambio psicologico en esas sociedades me temo que esas minirevoluciones solo serviran para cambiar las personas en el poder. Primero deberan separar radicalmente estado de religión como hicimos aquí no hace mucho, segundo la mujer deberá ser libre total, para vestir o para hacer lo que le plazca, el ramadán es una aberracion, los ricos pueden pasarse un mes de fiesta durmiendo de día y festejando por la noche, pero para los obreros semiesclavizados que son el 95% de la poblacion es una tortura y dudo que el ramadan lo dejen a libre eleccion o lo eliminen democraticamente….

    Luego esta la cuestion financiera, los bancos tunecinos que querian hacer la competencia a los occidentales de los Rotschild, de eso poco o nada se ha oido….en fin hay mucha tela que cortar…

    Alejandro no es mi intencio herir la sensibilidad de nadie, pero hay situaciones límites en la vida que las medias tintas o eufemismos deberían estar penados, y los periodistas no deberían autocensurarse, ni pensar en preguntarse nunca si una pregunta es capciosa o no a la hora de entrevistar a alguien. Ejemplo: Ana Pastor mañana va a entrevistar a Mahmut Almedehinay en Irán, le hará las preguntas que a todos nos gustaría que le hiciera????

    El mundo es muy complejo, pero hoy en día es posible hacerlo más trasparente y sencillo, y la única solucion es la ciencia y educar a las personas en valores democraticos y cientificos y lo demás vendrá solo al igual que la gravedad hace caer una manzana madura….

  9. Alfonso dice:

    Gracias Tomasín, me alegro de que te guste mi cuento, y más viniendo de una persona como tú, adulta, bién formada, lectora y con entendederas. Para tu información y conocimiento, te diré que yo también soy ateo, pero eso no quita, que respete las ideas ajenas, aunque no las comparta. Y aprovechando que me involucras en tu conversación, te diré también, que me parece muy facil criticar la realidad de una niña que habita en un país tercer mundista, cuando uno no sabe lo que es verse en su situación. Todos cometemos errores en nuestra vida, y como diría Jesús de Nazartet, que aparte de ser considerado el mesías por los cristianos, y un profeta por otras muchas religiones, fué también un personaje histórico, admirado por muchos creyentes y no creyente: <>. En cuanto a los políticos, esa es agua de otra fuente; en esos creo menos que en la religión.

  10. Alfonso dice:

    La frase que falta, y que debería salir entre comillas, es: “El que esté libre de culpas que tire la primera piedra” ;-)

  11. Víctor dice:

    Gracias Tomasín por tu gran sabiduría. Se nota que en esta parte del mundo en la que estamos una quinta parte, la rica, la culta, la no ignorante, la que lo tenemos todo somos también muy felices.

    Gracias Tomasín

  12. VMaGO dice:

    Gracias Tomasín por compartir tu gran sabiduría. Nos has explicado con mucho sentido común que en esta parte del mundo en la que estamos una quinta parte, la rica, la culta, la no ignorante, la justa, la responsable, la que lo tenemos todo, somos también muy felices.

    Gracias Tomasín


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Mercedes Gallego es corresponsal de El Correo en Nueva York.

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